Vuelve refitolera, retrechera, resalada, doña Esperanza Aguirre al centro de la pista con el repertorio renovado, para recordarnos que nunca se ha ido ni piensa hacerlo mientras haya público que la jalee. Esta vez a cuenta del último pufo en que aparece envuelta como en un mantón de Manila: unos recibos de la luz, que no sabemos si corresponden a una garita grande o a un palacio pequeño pero que han pagado los contribuyentes, y de paso para informarnos de los empujones que ha cambiado con su colega ministro para ocupar los huecos de la lista electoral de su predio. El mismo día en que se independiza Cataluña, aquí estamos escrutando el recibo de la luz de doña Esperanza. La maja de la pradera de San Isidro. No me digan que no tiene arte y tronío. Ya puede hundirse el mundo que ciertos iconos emergen de entre el barro y los cascotes con una sonrisa radiante y cómplice dirigida al público que tanto les quiere y al que tanto deben. Es sabido que la política es una rama de la industria del entretenimiento y, si bien algunos mohínos, como Rajoy, dirigen la función en la penumbra y con la alegría de un conciliábulo de videntes alrededor de la güija, otros, como doña Esperanza, convocan tras de sí a la banda de música, la cuadrilla de palmeros y el tropel del correcalles bajo la viva luz de los focos cuyo recibo pagamos todos. Goya vivió una existencia dual, escindida entre los cartones y las pinturas negras, que sin embargo conservan una apenas secreta identidad que ahora podemos apreciar en vivo y en directo si seguimos el paseo sandunguero de la maja, tras el cual podemos ver el abigarrado séquito de logreros, trileros y defraudadores de la romería de San Isidro, el labrador gandul que consiguió, no se sabe cómo, que los bueyes arasen el campo mientras él se dedicaba a otros negocios más discretos y en otra ocasión consiguió multiplicar la carne de la olla en un banquete de amiguetes y paniaguados. Como se ve, la comunidad que rige doña Esperanza tiene tradiciones muy acendradas y edificantes, precursoras del neoliberalismo que ella misma predica.