La política del fútbol: lo que cuenta no es el origen del jugador sino su eficiencia en el césped para meter goles. Este es el campo semántico en el que encuentra su significado la palabra fichaje. Los futbolistas y otros profesionales del deporte cambian de lealtad de acuerdo con las ofertas económicas que reciben de los clubes, los verdaderos dueños del cotarro. La hinchada, que es forzosamente sentimental y gratuita -y no puede cambiar de camiseta porque la lleva pegada a la piel con el sudor de su identidad, esa mugre-, no siempre comprende estas mudanzas y no es infrecuente que piten al tránsfuga cuando debuta con los nuevos colores. Esto es lo que le ha ocurrido a Irene Lozano, que ha pasado en un plisplás, visto y no visto, de ser el látigo de los socialistas a formar parte de su elite dirigente. No hay por qué creer que no lo hará igual de bien o de mal con los nuevos colores. Simplemente, los menos avisados se confundieron sobre la naturaleza de sus embestidas, creían que era para atacar a su adversario y era para llamar su atención. No otra cosa hacen los futbolistas profesionales: meten goles para sí mismos. El fútbol y la política son sistemas estancos, de suma cero y código binario, en el que al final lo que se juega es la rivalidad entre los dos grandes. Ni siquiera en su soporte material son distintos, ambos viven de una masa crédula de seguidores y de dinero público (y negro), ya que las cuotas de los socios no llegan ni para pagar el IVA, si se pagara. De otra parte, tampoco se entiende la reacción sobreactuada de los ex correligionarios de Lozano, que incluso han editado un vídeo presuntamente irónico, y definitivamente autocomplaciente, sobre la deserción de su tránsfuga, cuando lo cierto es que el partido nació de la frustración de su ahora ex presidenta, que había hecho una larga y venturosa carrera política en las filas socialistas pero que, en el último momento, no pudo alcanzar la secretaría general en disputa con el mínimo ZP. Ahora llegó la debacle y ¿qué van a hacer los náufragos? Pues los mejores nadadores acercarse al gigantesco crucero que pasa por ahí; a los otros se los comerán los tiburones o encontrarán una isla desierta donde llorar sus penas y esperar el rescate. Los náufragos no son los únicos cabreados con el fichaje de Lozano, también en el pasaje del crucero se han oído algunas voces más altas de otras. No es para menos porque el capitán ha alojado a la tránsfuga en lo que parece ser un camarote de lujo, que como todas las estancias hosteleras de primer nivel tiene un nombre evocador: comité de sabios. No les falta razón a los protestones. Vamos a ver, un partido centenario, con miles de militantes en todo el país y con personalidades en su panoplia como el mismísimo Felipe González, no te digo más, ¿tiene que buscar a sus sabios entre los pecios de un naufragio, que además ha sido hasta ayer mismo una tocapelotas? Sánchez va a tener que soportar durante unas semanas el runrún de su hinchada en las barras de bar, talmente como si fuera Florentino Pérez o Josep María Bartomeu. Servidumbres de la elite.
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