El quietismo es una filosofía que entiende que los cambios son avatares de una esencia inmutable. En la clase de ciencias naturales, el quietista prefería la geología y la astronomía a la botánica o la zoología por mera elección afectiva. En las dos primeras los cambios son más lentos, imperceptibles. Así que también hay quietistas de carácter. El quietismo puede practicarse en lo alto de una torre o sobre una roca del desierto pero no en el puente de un barco o en el estado mayor de un ejército porque los cambios alrededor pueden barrer al quietista con el barco o con el ejército. Rajoy es un quietista al frente de un país. Quizás le haya llevado a esta actitud su experiencia profesional. Es registrador de la propiedad. La propiedad cambia de titular y de uso, pero en sí misma es eterna, una institución metafísica que produce rentas. No por nada se la llama también bienes raíces, y ninguna pesadilla hay mayor para un quietista que las raíces arrancadas del suelo porque eso significaría que ha de levantar el culo de donde lo tiene asentado. Ni rayos, ni pedriscos, ni vendavales, ni ninguna otra de las fantasías pirotécnicas que prodiga la naturaleza alteran al quietista Rajoy. La naturaleza ha dotado a sus posaderas de un hipersensible sistema de radar que detecta los movimientos profundos del suelo sobre el que se asienta su mística. Las escasas correcciones de rumbo que ha practicado se deben a sacudidas sociales muy profundas que afectaban al caladero de votos de su partido. Así lo hizo con la retirada del proyecto de ley del aborto, que redactó el sobreactuado Ruiz Gallardón, el cual tuvo que dejar la poltrona como una piedra que rueda por la pendiente, sin que el pueblo llano supiera si la dimisión era un efecto del desgaste geológico del ministro o consecuencia de que el quietista que está en la cumbre había empujado el pedrusco. También empieza a moverse, o a fingir que se mueve, en la acogida de los refugiados, después de que la señora Merkel (la santa virgen y oráculo del universo místico de nuestro quietista) haya dado señal de que algo debe hacerse en este asunto. Entonces, ¿por qué no se mueve en la cuestión catalana? Es una pregunta muy frecuente entre las mariposas, amapolas, espigas de trigo y moscardones que rodean la roca del quietista. ¿Es que no resulta claro y fuerte el mensaje que llega de Cataluña? Sí, llega claro y fuerte a los cinco sentidos pero no al radar de Rajoy que funciona en otra onda. En Cataluña, su partido no tiene votos y, para demostrarlo, él mismo ha puesto al frente de la candidatura a un impresentable xenófobo cuyo rasgo más destacable es su altura física de jugador de baloncesto. Incluso han tenido que modificar la ley del tribunal constitucional para mejorar un poquito su visibilidad de guardia de la porra. A contrario, los votos del resto de España podrían verse alterados por cualquier movimiento de diálogo con los secesionistas, que, por ende, han convertido su marcha hacia la independencia en un guirigay levantino. Si el quietista no se conmueve ante verdaderas tormentas con auténticos rayos y truenos, como el desempleo o la corrupción, ¿va a alterarse por un castillo de fuegos artificiales al borde del Mediterráneo?, ¿no lo hay todos los años festejos de bous al carrer?
Entradas recientes
Comentarios recientes
- ManuelBear en Muera Sansón con todos los filisteos
- Rodergas en Muera Sansón con todos los filisteos
- Rodergas en Muera Sansón con todos los filisteos
- Rodergas en Deudas y ofensas
- Casandro en El inquisidor y la bruja
Archivos
Etiquetas
Alberto Nuñez Feijóo
Albert Rivera
Brexit
Carles Puigdemont
Cataluña
Cayetana Álvarez de Toledo
Ciudadanos
conflicto palestino-israelí
coronavirus
corrupción
Donald Trump
elecciones en Madrid
elecciones generales 2019
elecciones generales 2023
Emmanuel Macron
Felipe González
Felipe VI de Borbón
feminismo
Gobierno de Pedro Sánchez
guerra en Gaza
independencia de Cataluña
inmigración
Inmigración en el Mediterráneo.
Inés Arrimadas
Irene Montero
Isabel Díaz Ayuso
Israel
Joe Biden
José María Aznar
juan Carlos I de Borbón
Mariano Rajoy
Pablo Casado
Pablo Iglesias
Partido Popular
Pedro Sánchez
poder judicial
Quim Torra
referéndum independentista en Cataluña
Santiago Abascal
Ucrania
Unidas Podemos
Unión Europea
Vladimir Putin
Vox
Yolanda Díaz