Madrid es la ciudad más endeudada de España, lo que quiere decir, probablemente, que es una de las más endeudadas del mundo. Un buen pellizco de esta deuda se debe a la pródiga y prodigiosa gestión del antiguo alcalde, Ruiz Gallardón, el liberal corcovado, que, entre otros afanes construyó un tercer túnel ferroviario entre las estaciones de Chamartín y Atocha. En este proyecto, la máquina tuneladora era alemana, a la que pusieron el castizo nombre de Gran Vía; española y madrileña solo eran la tierra donde se hizo el agujero y la deuda para pagarlo. Por cierto, que de los cuatro prebostes que inauguraron el túnel –la ministra Magdalena Álvarez, la presidenta de la Comunidad Esperanza Aguirre, el líder de los socialistas madrileños Tomás Gómez, y el propio Ruiz Gallardón-, los tres primeros aparecen en la inquietante proximidad de instrucciones sumariales por corrupción. El túnel como metáfora de todo lo que nos aflige: la deuda, la crisis, el paro, la corrupción…, el túnel que no lleva a ninguna parte. Pero, qué caramba, también metáfora de la esperanza, en un sentido entre clerical y desarrollista, es decir, que ni pintiparado para un gobierno como el nuestro. Alguien debió advertirlo en alguno de los deprimentes consejos de ministros. A ver, ¿qué hay después del túnel? (Silencio meditativo y receloso de los interpelados) ¿La cárcel?, inquiere el más cenizo. No, hombre, no, ¡la luz, la luz! Aaah, y todos expelen el aire contenido en los pulmones a través de una sonrisa de oreja a oreja, y desde entonces no han cesado de repetirlo. Debo las pruebas a la competente indagación on line de mi amigo el centauro Quirón: “Ya se ve la luz al final del túnel” (Mariano Rajoy, diario El País, 17.11.2013); “estamos viendo la luz al final del túnel muy cerca” (Cristóbal Montoro, El Mundo, 09.07.2014), y Luis de Guindos, cuya única aportación a la economía nacional parecen ser sus conocimientos del inglés y la voluntad de que no decaiga el ánimo,  “Por primera vez desde que se inició la crisis, la economía española está viendo el final del túnel” (ABC, 10.07.2015), “Ya vemos la luz al final del túnel” (El Periódico, 05.03.2012), “Ya empezamos a ver la luz al final del túnel” (El Economista, 04.09.2013), “Ya se ve la luz al final del túnel” (El País, 01.09.2015). Caray, el gobierno hace cuatro años que ve la luz al final del túnel y la población española continúa sumida en las tinieblas. Esta anomalía no puede tener más que dos explicaciones: a) que los españoles no son pobres sino ciegos, o b) que el gobierno viaja en clase preferente, a la cabecera del convoy, y el resto de la población en vagones precintados (por la reforma laboral, digamos).