El ‘negacionismo’ se ha convertido en un motor ideológico potentísimo, el viento en las velas de la pujante extrema derecha, que, entre otros éxitos políticos, ayudó a ganar las elecciones a doña Ayuso en Madrid. Y de nada vale predicar que los negacionistas son una peligrosa horda de imbéciles malintencionados. El ‘negacionismo’ se tiñe de ‘libertarismo’ y deja de ser una pose incivil para convertirse en, cómo decirlo, un proyecto político.
Palabras como obuses
Uno de los rasgos, sin duda el más relevante, del discurso de la neo derecha es su carácter disruptivo. No pretende tener razón ni menos tejer un discurso sobre la lógica y los hechos comprobados, simplemente aspira a escandalizar al oyente, desconcertar al adversario y, si se puede, dinamitar la base consensual en que se apoya la convivencia democrática.
El rey y la vidente
Nunca sabes para qué sirve un rey pero, como diría un comercial de coches de segunda mano, tiene muchas prestaciones. Vale para un roto y para un descosido, dicho en romance. Ahora mismo, el vaivén de los días ha puesto a su majestad como valedor de republicanos. Los levantiscos y desafectos catalanes saldrán de la cárcel por la gracia real.
El botellón de la victoria
Ojo, pues, con la desescalada (¡vaya palabro!) que con suerte será la última, no por sus efectos en la amenaza de la pandemia sino por todo lo contrario. Ya no habrá riesgo y los supervivientes mirarán atrás y pensarán, no ha sido para tanto, y de ahí a sospechar que el gobierno ha utilizado la pandemia para amargarnos la vida hay un paso imperceptible.
Make Idaho great again
El dinero sigue volando por ahí, de un sitio para otro a su arbitrio, pero los seres humanos se han quedado clavados en el suelo, despojados de empleos y rentas y aquejados de estados alucinatorios según los cuales el territorio se mueve, las fronteras se quiebran y los individuos se descubren nuevas identidades hasta ahora desconocidas.