El descaro de la extrema derecha consiste en despojar al lenguaje de su orden discursivo y en consecuencia de sus bridas y cautelas para hacerlo constructivo y de este modo arrastrar el debate público a las profundidades que alojan el magma volcánico. Esto no puede hacerse mediante una retórica convencional sometida a escrutinio y crítica.
La orquesta y los caníbales
En la muy madrileña cúpula del pepé se ha desatado un debate sobre preceptiva musical. La cosa en el partido de la derecha va de si una orquesta debe tener o no solista. El director de la orquesta, don Casado, dice que no; la solista, doña Ayuso, dice que sí, y el concertino, don Almeida, que, bueno, solistas sí pero sin desafinar.
Un toque de distinción
En medio de la bronca que ha provocado nuestra adorable doña Cayetana en su partido, y preguntada si piensa renunciar al escaño de diputada, ha respondido que no, claro, pero lo singular y admirable es la razón que ha dado: porque sería vulgar, ha dicho. Ya lo ven. Tenemos una democracia cutre, de plebeyos, en la que se censura al disidente que se aferra al escaño que le ha proporcionado el partido, y resulta que ese comportamiento es precisamente aristocrático.
El cerebro reptiliano
Este escribidor se atreve a formular la siguiente hipótesis: vox es el cerebro reptiliano de la derecha, la zona neuronal donde se alojan los vestigios de etapas anteriores de la evolución y que controla el comportamiento y los mecanismos instintivos de la supervivencia,
Estampas goyescas
La derecha española está en busca de un estilo, y resulta apropiado que un retrato de Goya presida la deliberación. En la república independiente de Madrid se trata de saber a quién le sienta mejor el traje de chulapo o chulapa, y nadie lo ha llevado con más donaire que doña Aguirre, la cual está acompañada en el empeño por doña Cayetana, marquesa de Casafuerte.