Año nuevo, vida nueva, y así es posible que hayamos asistido por primera vez a un acuerdo político a cambio del honor de una obrera de la literatura. El precio del pacto, habida cuenta los firmantes del mismo, ha sido una paletada de barro añadido a la memoria de la escritora. Solo en este intratable país de cabreros es posible lo que ha ocurrido con la memoria de Almudena Grandes, a la que el diminuto alcalde de Madrid ha despreciado después de que aceptara nombrarla hija predilecta de la ciudad.
La Marsellesa del conservadurismo
En la gran colmena del mundo globalizado, cada sociedad, cada grupo, cada nación, tiene que encontrar su espacio, su altavoz para hacerse oír, la razón de su existencia y Austria se ha hecho con el privilegio de inaugurar el año nuevo con la ‘Marcha Radetzky’, la misma que hace un siglo escuchaba Joseph Roth en el Volksgarten intentando comprender qué clase de mecanismos internos de la sociedad de entreguerras removía esta melodía.
La edad de la inocencia
La fotografía que encabeza estas líneas está impregnada de esperanza. Rostros exultantes, confiados, y cuerpos vigorosos que no ocultan la prisa ante el inicio de la aventura. Es el tiempo de la inocencia. Julio de 1976. Los siete veinteañeros forman parte del grupo de once que se dispone a asaltar los cielos en un ignoto pico de nombre impronunciable –Shakhaur, 7.116 metros- de la cadena del Hindu Kush.
No es película para viejos
Los viejos deberíamos estar prevenidos contra lo que se puede llamar el efecto retorno, una trampa de la memoria que nos hace volver a los dorados lugares del pasado donde ya no queda nada para nosotros o simplemente están desaparecidos.
Efecto placebo
Mascarilla en la calle, vacunas a mansalva, a cuidarse y que dios reparta suerte. Es la felicitación navideña de don Sánchez, que ha comprendido que, a estas alturas, la mejor respuesta a la pandemia es dejarla a su bola. Ya amainará.