Si no Venezuela, será Rusia. De alguna parte remota y convenidamente sospechosa manan los fondos, las consignas y las tácticas que nutren a populistas, independentistas y demás plagas que asedian nuestro confortable estatus. Amortizado, aunque no del todo, el señuelo venezuela, toca probar con el cebo ruso. Todo con tal de no reconocer lo que es obvio: el estancamiento y el deterioro de los estados que forman la unión europea y de la propia unión, en primer término por la incompetencia y los intereses privativos de sus clases dirigentes, entregadas de pies y manos en la parte occidental al dictum de los mercados y en su área oriental, al nacionalismo de sus poblaciones. El diario de referencia se muestra especialmente celoso y gritón con la amenaza rusa. Su preboste mayor, don Cebrián, tiene, por edad y linaje, que recordar aquello de la conjura judeo-masónica- bolchevique, que fue la jaculatoria del averiado régimen de la dictadura. Él mismo padeció un coletazo de esta murga a cuenta de cierta novia izquierdista que se echó en los albores de la democracia y cuya peripecia luego noveló malamente. Pero vivir es olvidar y, cuando menos te lo esperas, experimentas el eterno retorno, que es como un regüeldo.
No hace falta negar los más que probables tejemanejes del espionaje ruso, tan acreditado por la historia, para desinformar (¿significa algo esta palabra en el tiempo de la postverdad?) sobre lo que ocurre en Europa y, en particular, ahora mismo, en Cataluña. Pero, seriamente, ¿quién lee Sputnik o Russia Today, al parecer los cuerpos del delito, sin saber que son materiales de pura propaganda?, ¿quién creía en los tiempos jóvenes de don Cebrián lo que decía la agencia Novosti?, ¿quién cree ahora al diario de referencia? Rusia quizás está empeñada en restaurar su Lebesraum, después de que, a la caída de la unión soviética, este quedara recortado con la eficiente ayuda de los países occidentales. Es un juego que hay que dejar a la diplomacia y a la política internacional pero que no está en el centro de las causas de la crisis que atraviesa la unión europea, una de cuyas manifestaciones es Cataluña. Un par de preguntas vienen a mientes al hilo de esta cuestión: ¿fue el brexit consecuencia de las maquinaciones rusas?, ¿son doña May o don Cameron agentes de Moscú como lo fueron sus famosos compatriotas Kim Philby y el grupo de Cambridge? ¿Por qué lo que parece disparatado aplicado al Reino Unido ha de ser razonable y creíble en Cataluña?
No obstante, una vez lanzada la bola a la cancha, que ruede. Un eurodiputado ciudadano, don Nart, ha llevado al parlamento europeo la pregunta de qué medidas va a tomar Europa ante la injerencia rusa en Cataluña. En el mismo papel y para no perder tiempo en el trámite podría haber preguntado qué va a hacer Europa con la injerencia de las Islas Vírgenes, las Islas Caimán y demás refugios de corsarios en el saqueo de los países europeos, si es que estos territorios de difícil ubicación en el mapa tienen gobiernos dignos de ese nombre frente a los que se puede reclamar por actos de piratería. Don Nart es un narciso, que se encuentra como pez en el agua en este escenario de la política actual en el que no hay manera de distinguir los hechos de su representación. Durante unas horas o minutos será noticia, ocupará un huequecillo en la atención del público y luego, nada. A menos, claro, que se esté preparando una nueva edición de la guerra fría, en cuyo caso nos enteraremos leyendo Russia Today y el diario de referencia.