El viejo lee en la edición digital de un diario de referencia una información sobre su paisano, el héroe del momento, que le pareció que podría ser de interés para un amigo y también paisano, así que emprendió la rutina de estos casos: desde su dispositivo móvil identificó la búsqueda en Google y este le respondió que no había encontrado ninguna referencia (¡sobre una noticia del día!) a la vez que sugería al demandante que consultase a Meta IA. Esta clase de inesperadas sugerencias, que aparecen en la pantalla como una zarza que arde sin consumirse, tienen algo de autoritario e irremediable y el usuario responde al artilugio con el acatamiento servil de don Mark Rutte, secretario general de la otan, a los deseos del emperador de la cresta naranja. Así que el viejo tecleó el titular literal de la noticia en el buzón de consultas de Meta IA, y este fue el diálogo por WhatsApp:
–El viejo (curioso): La huella navarra de Cerdán.
–La inteligencia artificial (sabihonda y condescendiente): ¡Hola! Parece que estás interesado en la conexión navarra con Marcel Cerdan, el famoso boxeador francés. Aunque Cerdan nació en Sidi Bel Abbès, Argelia, su familia tenía raíces españolas, específicamente en Navarra, según algunas fuentes. ¿Quieres saber más sobre la vida y carrera de Marcel Cerdan o su posible conexión con Navarra?
–El viejo (furioso): Olvídame.
–La inteligencia artificial (melosa y lacayuna): ¡Tranquilo! Si cambias de opinión o necesitas algo más, aquí estoy. ¡Qué tengas un buen día!
La forma más inoperante de ira, la que está atravesada por la perplejidad, asalta al viejo. Su azacaneada memoria analógica le hace recordar The Servant, la peli de Joseph Losey (1963), en la que el obsequioso criado termina por adueñarse de la voluntad del señor con juegos y zalemas. Pero entonces al menos el asaltante era un ser humano. Lleva el pleito a la consideración del sanedrín que se reúne para el café de media mañana y Iaccopus le ilustra sobre la maraña de inteligencias artificiales que nos acechan y sobre un dato más interesante, que el viejo ignoraba: Marcel Cerdan, campeón del mundo de los pesos medios, fue amante de Edith Piaf y murió en un accidente de aviación cuando se dirigía a Nueva York para reunirse con la cantante y preparar el combate de revancha contra Jake LaMotta (el personaje de Toro Salvaje, Martin Scorsese, 1980). Ocurrió en 1949, el año de nacimiento de Iaccopus y del viejo.
Hay algo narcotizante en esta expansión gaseosa del conocimiento, en que los datos flotan como tropezones en un puré cósmico, liberados de las constricciones del espacio y del tiempo. El escenario es un laberinto en el que el viejo siente que ha pasado de cazador a cazado. Inició la jornada requiriendo a un buscador (Google) que le encontrara cierto dato y terminó sumido en un diálogo con un monstruo vampírico (Meta) cuyo propósito es vaciar al viejo para convertirlo, precisamente, en un manojo de datos: qué le gusta, a dónde quiere ir, en qué cree, qué conoce y qué ignora, a quién prefiere y a quién detesta, y cuando haya sido vaciado dejará de pertenecer al mundo de los vivos aunque aún se sostenga sobre las dos piernas. El monstruo seguirá ahí y quizás sean estas palabras las últimas que el viejo escuche: ¡Tranquilo! Si cambias de opinión o necesitas algo más, aquí estoy. ¡Qué tengas un buen día!
El viejo no quiere rendirse, tampoco tiene nada mejor que hacer, y decide indagar sobre la invasión del monstruo Meta IA en su móvil. Lo primero que descubre es que el vampiro se identifica por un circulito que ya había advertido días atrás en su pantalla de Whatsapp y del que había decidido hacer caso omiso porque no afectaba a sus modestas comunicaciones entre amigos y parientes. El desencadenante en este caso es que el monstruo se ha hecho agresivamente presente después de que el buscador (Google) abdicará de responder a una búsqueda sobre un personaje tan obvio como Santos Cerdán. ¿Qué está pasando? Es difícil llegar a una conclusión recurriendo a una explicación analógica porque en el mundo cuántico nunca se sabe si el gato está vivo o muerto, pero, en fin, se dice que Meta compite con Google con un buscador inserto en su IA. Este buscador está en proceso de formación, lo que explicaría que intentase sonsacar información al viejo sobre el Cerdán político corrupto que buscaba mientras le seducía, haciéndose el listillo, con el Cerdan boxeador, del que tenía alguna información prendida con pinzas como lo de que su familia tenía raíces españolas, específicamente en Navarra, según algunas fuentes. Este según algunas fuentes es el típico latiguillo de periodista que escribe de oídas y si cuela, cuela.
La segunda pregunta es por qué el monstruo Meta, que pertenece a Facebook (la máquina de captación y almacenaje de datos personales más grande del mundo) anida en Whatsapp, como el salteador que espera la menor ocasión para irrumpir en las comunicaciones privadas por este canal. Es como tener en el servicio postal a un tipo que te corrige, amplia o reduce y cambia los datos contendidos en tu correspondencia; en este caso sin tener que abrir el sobre al vapor. La razón es que WhatsApp emplea la infraestructura de Meta, como sus servidores, para brindar a las personas de todo el mundo servicios rápidos y confiables. Lo que quiere decir que toda la información que transita por WhatsApp es captada y almacenada por Meta.
La empresa es consciente de que sus usuarios pueden pensar en ello con reticencia y en su web oficial tiene una página específicamente dedicada al tema, titulada Información acerca de los datos que WhatsApp comparte con otras empresas de Meta, que, al abrirla, oh, está en blanco con la siguiente explicación: Este contenido no aplica a los usuarios [sic] en la Región Europea [sic] ni en el Reino Unido. A los diseñadores de la página no se les ha olvidado insertar un recuadro en el que el usuario puede señalar si esta falta de respuesta satisface su pregunta, pero no se te ocurra decir que no porque esta opinión es tomada como una impertinencia y se abre a otros recuadros en que se pregunta por qué no estás satisfecho, hasta que el usuario siente unas ganas irreprimibles de encajarle una patada en la entrepierna al diseñador o diseñadora.
En fin, si sigues navegando en persecución de este Moby Dick, encontrarás una página que avisa de la peligrosidad de Meta, pero es de un periódico que también avisa todos los días de la peligrosidad de don Sánchez. En otra página se dice que la competencia entre Google y Meta da lugar a grandes descubrimientos en biología. Este viejo puede asegurar lo que hay de cierto en esta afirmación; a él le ha servido para estar un día más entretenido.
Que bien empezó todo esto con aquella inteligencia artificial lógica, racional, casi algebraica, deductiva … y aquellos sistemas expertos alimentados y controlados humanamente. Como siempre hacemos con las buenas cosas, de nuevo la hemos destrozado. Ahora con la IA generativa, nos intimidan e impresionan con sus humanoides que hablan y responden y nos esconden que, por detrás, el programado sistema se ha «subido» a la nube y ha recuperado todo lo que puede (con y sin permiso), para dar una respuesta sintética que, como a ti te ha ocurrido, te echa para atrás. No se quien ha dicho (probablemente Napoleón) que la IA generativa es el mayor robo del siglo XXI y probablemente de la Historia.