Hay un fondo de miseria moral y política –términos que son independientes pero no necesariamente contradictorios entre sí- en el modo como ha quedado aprobada la reforma laboral por el patinazo de un diputado de la derecha, que debía haber votado no y ha votado sí. La anécdota nos dice que estos tipos están tan distraídos en su propio barullo que, en el momento decisivo, no pueden concentrarse en pulsar la tecla que se les ha indicado. Furioso con su propia torpeza, el pepé va a llevar la norma aprobada a los tribunales donde no es infrecuente que se produzcan sentencias muy creativas contra las decisiones del gobierno y la mayoría del país. ¿Y si este recurso también falla? Créanme, deben prepararse para ver a don Casado cubierto con un pelliza de oveja merina y tocado con unos cuernos de toro salmantino (¿para qué, si no, tanta comparecencia pecuaria en la tele?), la cara pintarrajeada de rojo y amarillo, al frente de un asalto al congreso, como asaltaron el otro día la casa consistorial de Lorca.
Hay un fondo de traición y juego sucio en el resultado de la votación del congreso, protagonizado por dos diputados de la derecha de esta remota provincia, que con muchos aspavientos y morisquetas anunciaron que iban a votar a favor del decreto por disciplina de partido cuando ya habían decidido votar en contra. La torticera actitud de ese par de taimados tendrá consecuencias en la política de la remota provincia y en su partido regionalista, que fue hegemónico durante cuarenta años y aún conserva malamente la alcaldía de la capital por gracia del pesoe, ahora traicionado.
Hay un fondo de cretinismo y ensimismamiento en los tardocarlistas catalanes y vascos, que juegan a la contra de Madrid para hacerse ver, aunque el tablero de juego sea la espalda de cientos de miles de trabajadores, precarios y mal pagados en el escalafón más bajo del aparato productivo. ¿Qué mengua o qué agravio al soberanismo, real o presunto, hay en que una limpiadora o un camarero consoliden su empleo y ganen unos cientos de euros más año? ¿No podría interpretarse como la enésima muestra de insolidaridad de dos regiones ricas con el resto del país? Estos jugadores de ruleta rusa estuvieron a punto de asistir a la caída del único gobierno que tiene una interlocución con ellos y, en consecuencia, oyeron el crujido del suelo bajo sus pies.
Hay un fondo de encanallamiento, por último, en la actitud de la mitad del hemiciclo que ha votado en contra de un acuerdo sellado por empresarios y sindicatos, las instituciones que representan al país productivo y las que mejor conocen, porque les afecta directamente, lo que se juega en el envite. Nunca como ayer, probablemente, se ha podido apreciar con tanta claridad el carácter parasitario de la clase política y la capacidad de la democracia para abrir paso a su propia destrucción cuando votan como locos contra los intereses comunes de la sociedad, formulados en un acuerdo largamente deliberado y consensuado. ¿Se imaginan dónde estaríamos ahora si este enjambre hubiera tenido la oportunidad de votar los pactos económicos de la Moncloa que en 1977 sirvieron de pista de despegue a la transición democrática?
Soberbio, Manolo.
Muy buen artículo, Manolo. Enhorabuena!!
Gracias, un saludo.