Cuando se escriben estas líneas ha terminado la colonada de doña Rosita con el resultado voxiano previsto, pero en la otra punta de la península sigue la competición por la primogenitura en el pesoe andaluz a la que concurren el anodino don Espadas y la célebre y muy celebrada doña Susana Díaz. En buena lógica el primero debería ganar el lance porque es el candidato oficialista pero bien pudiera no ser ese el resultado sin se dan las circunstancia que se dieron en Madrid, a saber, que don Espadas resulte un estafermo como don Gabilondo y que las apelaciones de doña Susana a la libertad, como las que hizo doña Ayuso, remuevan las conciencias de los votantes. En este país acabamos de descubrir que estamos oprimidos. Es la versión hispánica del chiste italiano: piove, governo ladro. Aquí decimos: pandemia vírica altamente contagiosa y letal, gobierno tiránico.

Y no solo lo dice la plebe de ayusers aficionada al botellón, también lo secunda el tribunal constitucional, que guarda el whisky de malta en un cajón de la mesa de despacho y se dispone a declarar inconstitucional  el estado de alarma decretado meses atrás por el gobierno para confinar a la población y reducir el contagio. El efecto de esta sentencia, si se produjera, va a significar no solo la ilegalidad y en consecuencia el decaimiento de las multas impuestas a los infractores del confinamiento y la apertura a toda clase de demandas al estado por daños y perjuicios, sino también una deslegitimación del propio gobierno. El recurso ante el constitucional lo elevó vox, que recibirá en premio argumentos dizque constitucionales para completar su relato, que se resume así: el coronavirus fue creado en un laboratorio chino para joder a los países cristianos y occidentales y los amigos comunistas de Pekín colaboraron con este designio coartando las libertades ciudadanas y adoptando poderes excepcionales para tiranizarnos a todos, por ejemplo, obligándonos a vacunarnos.  ¿A que suena convincente? Pues ojo, porque más estúpido parecía el argumento de Los protocolos de los sabios de Sión y ya sabemos sus efectos. Nada hay más peligroso que un mito en manos de la derecha y llamarlos fake news o bulos rebaja la percepción de su peligrosidad y no ayuda a combatirlos.

Si seguimos las líneas de fractura ocasionadas por el seísmo llegamos a la cúpula del sistema. ¿Quiénes son y en qué piensan los ocupantes de las altísimas instituciones del estado, como el tribunal constitucional, que tienen la última palabra sobre lo que es o no aceptable para la convivencia? Podemos imaginar a estos honorables personajes envueltos en sus ropones festoneados de puntillas, entre perplejos y contentos de que lleguen a su mesa asuntos que condicionan la vida del país, sobre los que echar las cartas y sentenciar lo que les parezca  sin responsabilidad alguna ni más esfuerzo que el cubileteo de un puñado de nociones y normas abstrusas para el común. He aquí unos jueces que juegan a ser jueces, como los niños juegan a ser niños en el jardín de infancia, solo que en este caso tienen el privilegio añadido de romper la vajilla si les place. Eso sí es libertad, y bien que la disfrutan.

P.S. Don Juan Espadas ha ganado las primarias del pesoe andaluz y será el candidato en las próximas elecciones regionales. Don Sánchez empieza a investirse con la armadura de don Felipe González, que vaga por los platós de televisión como un caracol despojado de su característico caparazón calcáreo en espiral.