Debe haber una coincidencia profunda debida al hegeliano espíritu del tiempo, el famoso Zeitgeist, entre la reivindicación del analfabetismo realizada por una doña María Pombo y la logorrea desenfrenada de los voceros derechistas don Tellado y doña Ayuso.
Doña Pombo es un ave del paraíso mediático, una influencer (entre los términos idiotas al uso, este está en el podio) que días atrás abrió su alma a sus seguidores y mostró en las redes sociales los anaqueles de su vivienda ocupados por bibelots y demás pacotilla sentimental. Algún hater de mala leche debió recordarle que mejor si las estanterías tuvieran libros y la chica le respondió con la característica vehemencia y seguridad de esta volátil generación: Lo voy a decir. Creo que hay que empezar a superar que hay gente a la que no le gusta leer. Y encima no sois mejores porque os guste leer. Leo cosas, sí, porque me interesa ese tema en específico [sic], pero no me cojo un libro [sic] y me leo una historia en mi cama y no pasa nada. Hay que superarlo. No a todo el mundo le gusta leer.
Un comentarista obsequioso ha llamado a este argumento abrir un debate y a la autora, creadora de contenido. Y, en efecto, la creadora de contenido ha despertado el ingenio de algunos opinadores muy letrados –Juanjo Millás, Sergio del Molino, Berna González Harbour y una cohorte de profes de literatura, dinamizadores culturales y, claro, escritores– a los que el espíritu del tiempo les obliga a permanecer de vigilancia insomne en el cacareo del patio de vecindad. El hecho de que sea necesaria tal descarga de respuestas razonadas para repeler la agresión de una analfabeta militante da noticia de la derrota de la razón. Una experiencia que cada día se ilustra en el esfuerzo que cuesta hacer frente a los bulos y demás zarandajas de los indígenas de las redes sociales. La niña Pombo (tataranieta de la escritora Concha Espina y emparentada con el aclamado Álvaro Pombo, último premiocervantes, lo que da idea de la regresión en la que estamos) se suma a la falange de terraplanistas, antivacunas y negacionistas de toda laya que ya han conquistado el poder en la capital del imperio occidental del que somos súbditos, y en algunas de sus provincias europeas. España está en trance de caer en sus manos.
La postuladora de la burricie pertenece a la alegre generación que viste camisetas estampadas con el lema que te vote txapote y me gusta la fruta, y don Feijóo aspira a que sea su fuerza de choque en las urnas, arrebatándosela a los voxianos, que tienen en su programa pegar fuego a las bibliotecas por ser chiringuitos de wokistas. Qué carajo, hasta un personaje tan rancio y añejo como don Feijóo merece un baño de rejuvenecimiento. Pero no basta un postureo de karaoke para hacerse oír en el vacío de la campana digital que anuncia el futuro, y aquí entran en escena los oradores estrella del pepé: doña Ayuso y don Tellado.
Analfabeto funcional es un término que estuvo de moda cuando se hablaba con respeto de la educación reglada y designa al sujeto que, sabiendo leer y escribir, es incapaz de aplicar estas habilidades para comprender instrucciones, analizar información o realizar cálculos. La complejidad del entorno hace que este sujeto sociológico se haya vuelto común. La inteligencia artificial se encarga ahora de estas funciones y crea un tipo nuevo al que pertenece la niña Pombo: el analfabeto orgulloso de serlo. Esta nueva situación plantea un problema de comunicación en la política porque esta sigue siendo alfabética y discursiva y quienes están en el empeño han de ganar la atención de individuos incapaces de retener el significado de un párrafo de más de tres líneas.
En este marco cognitivo en que las marionetas de tiktok se llaman a sí mismas creadoras de contenido, el lenguaje presuntamente persuasivo pierde los anclajes que lo mantienen unido a la lógica y a los hechos y se vuelve hiperbólico, extravagante y por último gaseoso; a menudo un gas tóxico pero gas al fin. Cuando la disparatada doña Ayuso acusa a don Zapatero de amigo de narcotraficantes, olvida que está junto a don Feijóo y cuando el bravo don Tellado sugiere cavar la fosa donde enterrarán a don Sánchez y su gobierno, olvida que este es el país de las fosas para enemigos políticos. Pero ¿han sido lapsus lingüísticos o un mandato imperioso del subconsciente de ambos oradores? La niña Pombo tampoco lee a Freud.
P.S. Lo de levantar la voz para polucionar la atmósfera no es hábito exclusivo de nuestra derecha. El ministro israelí de exteriores, Gideon Saar, se ha apuntado a la cruzada antisanchista y acusa al presidente del gobierno de corrupto. Lo dice un ministro de Benjamin Netanyahu, que no quiere parar la matanza de Gaza porque le espera el banquillo, por corrupción precisamente.