El escribidor tenía previsto pergeñar algunas ocurrencias sobre las elecciones andaluzas en este día de reflexión (qué nombre más tonto, ¿se han dado cuenta la cantidad de tontucia que inficiona el lenguaje público?) cuando ha sido interrumpido en sus propósitos por el consejo del amigo Iacoppus para que viera el documental The coming war on China, en el que el periodista australiano John Pilger disecciona de manera  irrefutable el riesgo de una guerra nuclear en el mar de la China, estimulada por el temerario aventurerismo del imperio norteamericano y que tendría efectos planetarios sin reparación posible. El efecto que sobre el escribidor ha tenido este cruce de contenidos entre lo que se cuenta en el documental y lo que los medios españoles consideran de trepidante actualidad en las elecciones andaluzas se ilustra con un tipo asaltado por una pesadilla cuando entorna los párpados para echar una plácida siesta.

Dejemos, pues, el mar de la China y sus aterradoras amenazas en esta tarde de insufribles radiaciones térmicas y deslicémonos en el tedio andaluz, no menos desasosegante. Un cronista ha escrito que la campaña electoral andaluza ha sido átona, lo que es una piadosa manera de decir que ha sido estúpida, repetitiva y banal como un concurso de tunas. La atonía la ha encarnado y dirigido quien, según las encuestas, ganará las elecciones, un candidato que se ha despojado de todo atributo político, incluso del logotipo identificativo de su partido, para presentarse como un mero Juanma, el vecino de la puerta de al lado, que no ha trabajado en su vida, becario perpetuo de las mamandurrias de la política, mal estudiante y sin más currículo académico que el de graduado en protocolo. Es l’uomo qualunque.

El qualunquismo fue un movimiento político operativo en Italia a finales de los años cuarenta del pasado siglo que con el señuelo del hombre común se oponía al régimen democrático establecido tras la derrota de Mussolini y prefiguró el retorno del fascismo, cuya reaparición en Italia fue muy temprana después de la guerra. Aquí, Juanma ya tiene el fascismo pegado a los faldones en la figura pinturera de la gorgona doña Olona. El fascismo es una ideología con un alto componente guiñolesco y la candidata voxiana ha agotado al respetable con sus payasadas de graciosilla sobrada hasta el punto de que, dicen los que saben, ha hecho una campaña fallida. No importa. Mucho tiene que cambiar el paisaje anunciado en los sondeos para que no consiga su propósito de ser vicepresidenta de la junta. A la fachenda le gusta vicepresidir porque consiguen un doble objetivo, gratis y sin responsabilidades: unos sueldos para sí y sus asesores y acólitos y un altavoz para sus proclamas disruptivas. El vice de castillayleón está usando a fondo estas prerrogativas y no hay día en que sus iniciativas no merezcan un repique en los medios. La última, la propuesta para cortar las subvenciones a las asociaciones de empresarios y sindicatos, que ha encabritado a la patronal.

Al otro lado, sin novedad. Se decía que la amenaza de la extrema derecha movilizaría a la izquierda pero nada indica que vaya a ser así. Los partidos tampoco han encontrado el abracadabra que saque a su gente de la siesta. El pesoe sigue perdido en una suerte de anomia que le impide incluso beneficiarse de sus logros y el patchwork de la izquierda a la izquierda no renuncia a ser el lienzo de Penélope. Y aún dicen que los resultados en Andalucía van a determinar lo que ocurra en las elecciones generales. Debe haber algún lugar en el mundo en el que haya una causa por la que valga la pena ir a las urnas. Quizá en el mar de la China.