Llamada del banco a través de la panoplia de canales al uso: correo electrónico, mensaje de móvil, aviso en el tique del cajero automático… Imposible hacerse el sordo. Tu asesor financiero te espera. La invitación del banco le parece al viejo tan tranquilizadora como una convocatoria de la comisaría de policía durante la dictadura. Entonces podías salir de la entrevista con un par de dientes menos y el tímpano roto, y ahora con toda seguridad saldrás con unos cuantos euros menos en la cuenta de ahorro. Los mohínos empleados de ventanilla de antaño han sido sustituidos por jóvenes suficientemente preparados que introducen al cliente en un despachito funcional entre mamparas de cristal traslúcido. La asesora es una joven simpática y obsequiosa que despierta en el viejo un espontáneo sentimiento senil de agradecimiento a quien corresponda porque la muchacha haya encontrado un empleo, un sentimiento no muy distinto al que embargó al abuelo alemán de la época de la gran depresión porque su nieto en paro había sido admitido en las ss.

El motivo de la entrevista es previsible: un cambio en el fondo financiero donde el viejo tiene sus menguados ahorros. Hace no más de un año, en una entrevista similar, este fondo le fue recomendado en este mismo despacho por otro asesor como muy seguro. Ahora ha dejado de serlo y la nueva asesora sugiere otra fórmula. El viejo asiente sin prestar atención. Estamos en una guerra financiera y los tipos como él forman parte de esas innumerables columnas de paisanos que van de un refugio a otro con el hatillo de sus posesiones a la espalda esperando evitar que una bomba les caiga encima. La entrevista aún no ha terminado;  la asesora no ha enfundado la sonrisa y ahora ofrece al cliente la adquisición de una pulsera electrónica como las que ponen a los presos en libertad provisional porque así estará localizado siempre en caso de que le pase algo.

El viejo ha rechazado la oferta a sabiendas de que el banco pedirá cuentas a la empleada por su baja productividad como vendedora. Quizá en la próxima entrevista sea otro el asesor. En esta guerra nunca se es lo bastante duro y capaz. En fin, una baja en combate, otra más. El viejo sale del banco, cruza la calle y se suma a una manifestación de convecinos que tiene lugar cerca de su domicilio para protestar por la proliferación de pisos turísticos en el barrio y en demanda de su regulación municipal. Lo que el viejo no sabe es que la manifestación está obstaculizando gravemente el funcionamiento del mercado, vale decir, el avance del progreso, del bienestar y de toda la mandanga. Ahí tienes a un puñado de vecinos que creen estar ejerciendo un derecho constitucional cuando en realidad se trata de un acto de incitación al terrorismo económico. Así se desprende del informe del consejo nacional de mercados y competencia, que ha hecho suyas las razones del oligopolio digital que gestiona la oferta y la demanda  de los pisos turísticos. El viejo nunca había oído hablar de ese consejo, quinta columna o gobierno en la sombra, que vela por su bienestar.