En el páramo inabarcable abrasado por el sol de agosto estamos a solas con don Casado y su máster. Los digitales del día y la mayoría de los opinantes de guardia dedican su atención al personaje: el país, el diario.es, el periódico, la vanguardia, el confidencial, etcétera. Don Casado ocupa la totalidad del espacio dedicado al estupor nacional. Es el divertimento del chiringuito de playa y tiene posada sobre sí la atención de todos los veraneantes que han sobrevivido al colapso de los aeropuertos, el incendio de los bosques y el tráfico de la autopista. Antaño, esta clase de fenómenos noticiosos recibía el nombre de serpiente de verano, término en desuso desde que están vigentes el cambio climático y los móviles que nos acompañan en vacaciones, de modo que es un acontecimiento que viene del frío y que aún no se ha despojado de la corbata. Quizá eso explique el ensañamiento de la prensa, que no consigue amortizar la noticia, por más obvia que resulte. Don Casado es el zumbido del moscardón al que no hay manera de liquidar por más zapatillazos que estrellemos contra la pared en la que se posa. Veamos la genealogía del asunto.

El pepé se burló del país entero cuando eligió para que lo presidiera a un tipo incurso en un grave y escandaloso caso de fraude académico, que pone en solfa la probidad de la universidad pública, la fiabilidad de los funcionarios del estado, la selección por razones de mérito y capacidad y algún otro principio de los que se supone que sustentan nuestra sociedad. ¿Por qué un partido sumido en una grave crisis por la corrupción anidada en su seno elige para que lo saque del barrizal a un más que presunto corrupto?  La pregunta, inspirada en un vago idealismo, no tiene respuesta porque no tiene en cuenta la naturaleza del sujeto al que se dirige. El pepé no existe más allá de la agregación de cargos públicos que, en el trance de las pasadas primarias, se jugaban la supervivencia en la poltrona, así que entre las opciones posibles eligieron a quien mejor creían capaz de cumplir este objetivo: un perfil que es el reverso de  don Rajoy, que les llevó a la derrota. Un tipo joven, elemental, ambicioso, desenvuelto, estridente y criado políticamente en el borbor de la charca de ranas de doña Esperanza Aguirre en los mejores tiempos del partido. Y además, sospechoso de corrupción ¿qué pasa? El espíritu corporativo que guía la conducta de la militancia entiende como una conspiración externa lo que es una evidencia de sentido común; esta percepción sesgada de los hechos sin la que no sería posible militar en ningún partido permite a don Casado ir en volandas sobre el infierno que le auguran blogueros y periodistas. En el peor de los casos, resolverá un juez cuando toque, y aún después, si la sentencia es condenatoria, siempre se puede decir que no dice lo que dice, como ya lo han dicho de la sentencia de la gürtel.  El pepé es el rey de las fake news, como se dice ahora, desde que se obstinaron en mantener, con éxito entre su parroquia,  una versión alternativa a la real tras los atentados de Atocha en dos mil cuatro.

Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente (Friedrich Dürrenmatt).