Nuestro primo, el impostor

Posted by on Ene 18, 2016 in Miradas |

Mi hermano ha rescatado de algún recóndito cajón de la memoria familiar un sobre de correo postal dirigido a él con la caligrafía elegante y confiada que recuerdo como mía, de cuando aún era posible creer que una escritura pulida servía para algo más que para tener una escritura pulida. En el interior del sobre, un manojo de recortes de periódico, amarillentos, olvidados, glosan la noticia de un tipo que se hizo pasar ante las autoridades de Suecia por un conocido miembro de la banda terrorista vasca, con el fin de obtener los beneficios de refugiado político y quizás de escapar así de la persecución de otras autoridades por delitos más prosaicos. Ocurrió por estas fechas hace treinta y nueve años. El etarra al que intentó suplantar era muy conocido entonces (había formado parte del comando que asesinó a Carrero Blanco), estaba amnistiado y vivía en Francia con los papeles en regla como profesor universitario, así que la suplantación tuvo poco recorrido y mucha publicidad. El impostor era un remoto primo nuestro; su padre y nuestra madre eran primos carnales. La familia del impostor estaba desolada por la fechoría  y se apresuraron a dar toda clase de explicaciones públicas y a desmarcarse, como se dice ahora, de la ocurrencia del vástago. La suplantación de personalidad es un delito administrativo que, en la turbiedad de aquel tiempo y en este país, bien podía pagarse con la vida, según quién fuera el suplantado, como en este caso. ¿Por qué le pareció a nuestro remoto primo una buena idea investirse con la identidad de un personaje tan  notorio? Nunca se aclaró, al menos, públicamente. Visto con la perspectiva del tiempo, parece que todos los intervinientes, suplantador y suplantado, pero también las autoridades y la prensa, parecían urgidos a dar carpetazo a un asunto farsesco que tenía lugar en un territorio político muy vidrioso. La impostura fue obra de un txoriburu, como se decía entonces, un descerebrado. Cuando mi hermano me habló del contenido del sobre hace unos días, había olvidado por completo el suceso, que en su momento debió ocupar largamente mi atención, a juzgar por el minucioso archivo de las noticias que hablaban de él. Aún ahora, al releer estos marchitos papeles, no consigo establecer ninguna conexión del suceso con mi memoria. Recuerdo, sin embargo, vívidamente, a los padres, y singularmente al padre, del impostor, cuando venían a este pueblo por las fiestas patronales, muchos años antes de que todo eso ocurriera. Era un tipo joven y pletórico, jocundo, riente, al que me hacía feliz mirar. Un bilbainazo, como se decía entonces de nuestros primos vascongados, junto al cual mi madre y mis abuelos se sentían contentos. Es curioso cómo permanecen...

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Sesión continua

Posted by on Ene 17, 2016 in Miradas |

Lo malo de ser español, o griego, o italiano, incluso alemán, para no mencionar lo de kosovar, es que nadie está interesado en preguntarte tu opinión sobre la entrevista de Sean Penn al Chapo Guzmán, como si fueras el crítico de cine de una revistilla de barrio. La historia ocurre en una galaxia muy alejada de esta Europa gris y atribulada por los refugiados indeseados, el orondo desempleo, los infatigables recortes, la beoda prima de riesgo, la rampante xenofobia y el miedo a todo lo que se menea, que se extiende como una mancha de aceite. Por eso nos fascinan las historias de Hollywood, porque terminan bien y todos ganan dinero. Que si lo que ha hecho Penn no es periodismo, que si el entrevistado no es un héroe sino un criminal despreciable, que si el actor está arrepentido, que si sus colegas de oficio le apoyan, que si es la comidilla de la ceremonia de entrega de los globos de oro. Oro, globos, un chico malo, un facineroso gordo y ególatra, como Sydney Greenstreet, dios qué maravilla, el diálogo lo habrá escrito Tarantino, y luego está ese pibón, Kate del Castillo, un luminoso objeto del deseo en los riscos de Sinaloa, erizados de cactus, como Raquel Welch, o más modestamente, Shelma Hayek, con perdón. Sinaloa, qué bien suena, donde por aquí aún creemos que corretea Pancho Villa, no Emiliano Zapata, que ya sabemos que ese murió tiroteado en otra película muy antigua, de cuando el blanco y negro. La realidad como una función de cine en sesión continua, y aquí estamos, sentados en la oscuridad de la sala semivacía, los españoles, griegos, etcétera, con los ojos abiertos y el ánimo alelado. Aquí, la industria del espectáculo local tiene que robar el guión al bebé de Bescansa si quiere hacer una película de Ozores. No damos para más. Y sin embargo este asunto del comediante y el narco debiera interesarnos de alguna manera porque habla de la colusión de dos grandes poderes económicos y militares del planeta: el tráfico de drogas y el imperio americano, ambos entregados en este caso a un episódico negocio de soft power. Para no mencionar que los exteriores se han rodado en la herida de un país con el que, dícese, tenemos lazos de sangre: México. Aunque quizás aquí esté el quid de la cuestión. Si Penn hubiera entrevistado a Nicolás Maduro en vez de al Chapo Guzmán, podríamos haber participado en la coproducción. Maduro, ese sí que es un malo, malo. No le quitamos la vista de encima. Lo tenemos monitorizado. Lástima que a Hollywood no le interese un carajo y no vaya a comprarnos el guión para la película. Ellos se lo...

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Medidas de peso

Posted by on Ene 16, 2016 in Miradas |

Nuestros políticos no forman una clase ni una casta, que son construcciones sociológicas que pueden ser muy complejas, sino una colectividad más simple: una banda, una masa, una tribu, un coro (desafinado) y, en ocasiones, una unidad de peso inerte, una fanega de diputados, digamos. Esta percepción explica mejor que, entre los tejemanejes propios del inicio de la legislatura, destaque el trasvase de parlamentarios de un grupo a otro para completar el peso de los más menguados, no importa la marca con la que los trasvasados concurrieran en las elecciones. El pesoe ha cedido senadores para rellenar el cupo de los republicanos y convergentes catalanes, que carecen de electos propios suficientes para formar grupo parlamentario  en la cámara alta. ¿Quiere decir que los socialistas trasvasados son ahora soberanistas? No, qué va. Quiere decir que la primera tarea de los políticos es recomponer los platos rotos en la anarquía de las elecciones para restablecer el equilibrio de la vajilla. Como dijo el sabio Mas para escándalo del bebé de Bescansa: “Lo que no hemos conseguido en las urnas, lo hemos corregido con la negociación”. Los votos que los partidos reciben son un premio de lotería que luego administran a su antojo e interés. Si tienen suficientes, montan un chiringuito y, si no, se los juegan en el casino. Hace unos días, los anarco-utopistas de la llamada unidad popular tuvieron que entregar maniatados, después de una larga partida de póquer, a dos de sus diputados en el parlamento catalán para que fueran rehenes de su compromiso con los juntos por el sí, precisamente la misma lista que ahora carece de masa crítica para formar grupo propio en Madrit y ha aceptado la torna que le ofrece su adversario en Barcelona. Hace un montón de años, cuando aún nos asombrábamos de estos chalaneos, un diputado de la provincia subpirenaica desde la que escribo, Jaime Ignacio del Burgo, hinchado como un pavo de su autoproclamada condición de máximo defensor de la identidad provincial, fue trasvasado de inmediato y sin pestañear, como si fuera un celemín de garbanzos para completar el peso, al saco de la coalición canaria, en la otra punta del país. Ni el diputado se sintió herido en su honor ni sus electores, burlados en su voluntad. La voltereta fue acogida con chanzas en la calle y a estas alturas nadie sabe qué efectos políticos tuvo, si tuvo alguno. Nuestra democracia es impermeable y estos diputados trasvasados son como las maletas louisvuitton de los chinos, indistinguibles del original. La liberalidad con que puede interpretarse la voluntad popular expresada en las urnas contrasta con la rigidez del sistema de elección, en el que las listas son herméticas y el titular es el...

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Lecturas edificantes

Posted by on Ene 15, 2016 in Miradas |

La señora Ramona Pedretti es, al parecer, un personaje muy popular entre los diplomáticos y delegados que pululan por los despachos y pasillos de las Naciones Unidas. La razón es que esta respetable letrada, funcionaria del tribunal supremo de Suiza, ha escrito un libro ¿de autoayuda? para dictadores y tiranos abocados a la hipotética circunstancia de que sus crímenes les lleven ante un tribunal extranjero que pretenda juzgarlos por las leyes internacionales, como le ocurrió a Augusto Pinochet, detenido en Londres por orden del juez español Baltasar Garzón. En 2015, la tesis doctoral de la señora Pedretti, titulada sin equívocos Inmunidad de jefes de Estado y funcionarios públicos ante crímenes internacionales, fue el título más frecuentado en la biblioteca Dag Hammarskjöld de la sede de la ONU en Nueva York. ¿Cuál fue nuestro libro más popular el año pasado?, preguntó jovialmente esta venerable institución en su cuenta de Twitter, y se respondió a sí misma en el tuit siguiente, es un estudio académico sobre las leyes de la inmunidad. El operador de Twitter debía ser un bibliotecario que intentaba aliviar el desamparo de su trabajo agitando las redes sociales. Lo consiguió durante unas horas, el tiempo que dura una borrasca en la red. Una web amplió la información y sacó sus propias conclusiones: “Para ser claros, la ONU está plagada de delegados que representan tenebrosas dictaduras y en 2015 el libro más veces solicitado en la biblioteca fue sobre cómo quedar inmune de la persecución por crímenes de guerra. Eso no parece buena cosa”. Bien, ya nos hemos divertido bastante porque resulta que las consultas al libro de la señora Pedretti son pasmosamente escasas. El libro fue registrado como novedad en la biblioteca en julio y hasta final de año había sido tomado a préstamo dos veces y consultado en la misma biblioteca, cuatro. Seis consultas en total, lo que parece indicar que los delegados de la ONU leen poquísimo o que, dado el contenido del volumen, nadie quiere ponerse en evidencia ante la bibliotecaria y se lo pasan unos a otros en fotocopias clandestinas. Lo primero es más plausible. ¿Para qué iba a enfrascarse el embajador de una dictadura en una tesis doctoral con la de planes alternativos que puede encontrar en Nueva York con dinero y pasaporte diplomático? Hay en esta noticia una conmovedora superstición libresca. La creencia de que un criminal necesita un libro para escapar a su destino, cuando lo que necesita son amigos, armas y dinero, y no los va a encontrar en una biblioteca. Lo cierto es que, según la corresponsal de Reuters en la ONU, Michelle Nichols, que ha investigado este asunto, el libro más popular fue el año pasado en la...

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El bebé

Posted by on Ene 14, 2016 in Miradas | 1 comment

La undécima legislatura de nuestra asendereada democracia la inauguró ayer un bebé, cuya radiante presencia en el hemiciclo ocluyó incluso el muy respetable discurso del viejuno presidente electo de la cámara. Puedo imaginar la gracia que le hizo a Patxi López, preterido en su día grande por el mamoncillo. Por lo que a mí respecta, había hecho propósito de quitarme durante una temporada de la política, o lo que sea esto sobre lo que escribo en esta bitácora, como los fumadores se quitan del tabaco los primeros días de enero, pero el bebé lo ha hecho imposible. Abro el periódico y ahí está el bebé, en primera página y en los sesudos comentarios de los columnistas; enciendo la tele y unos tertulianos enloquecidos parlotean sobre el bebé, quitándose la palabra unos a otros; cambio de canal, distintos tertulianos y el mismo bebé; sintonizo la radio y puedo oír el llanto del bebé; escruto la prensa extranjera, que nunca habla de España, y ahí está el bebé, izado en brazos de los diputados gentiles (dícese de los que representan a la gente). Así que también puedo imaginar la chirriante pesadilla que habitaba la cabeza de Herodes cuando decretó la matanza de los inocentes. Nada más propio que un bebé para anunciar el nuevo testamento que dicen traer los emergentes. Se ha manifestado unos días fuera de plazo y no en un establo con la mula y el buey, sino en una reserva natural de la fauna doméstica y puede contar con que si permanece en el lugar verá a sus pies oro, incienso y mirra, aunque esto último no sé para qué sirve como no sea el nombre en clave de los sobres de la contabilidad B. De momento, algunos pecadores ya advirtieron ayer la cualidad salvífica del recién nacido. El muy presunto corrupto diputado por Segovia, encaramado en la sombría almena/escaño de su aforamiento, se libró del asedio de la prensa canallesca hipnotizada por el bebé como los pastorcillos del belén. No vengo a traer la paz sino la espada, dijo el otro cuando entonces y así ha sido en este caso también, con gran éxito. El bebé ha dividido a los demócratas como un diminuto Artur Mas, gordezuelo y sonriente. Y, como era previsible, las más beligerantes han sido ellas: que si para eso está la guardería del congreso, que si yo también crié cinco hijos con ayuda de mis padres, que si el ambiente del parlamento puede bajar las defensas del niño, que si las proletarias no pueden llevar a los suyos a la cadena de montaje, que si la mamá ha venido a fardar de hijo pero se ha traído a la cuidadora, etcétera. Ellos, por...

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