Un libro leve y fugaz

Posted by on Mar 1, 2016 in Miradas |

No es usual leer entero un libro al pie de la mesa de novedades de una librería a la que se va a hojear el género para despertar el apetito lector antes de elegir un título de gusto y pasar por caja, en un trance que debe ser breve y comedido para no parecer un gorrón a la vista de los empleados del establecimiento. Sin embargo, esta mañana lo he hecho. Ha sido una lectura repentina, casi involuntaria. He solicitado el título, que había visto anunciado con cierta pompa en un suplemento de periódico, y, cuando me he dado cuenta, lo había leído en un santiamén. Para reparar el equívoco y no frustrar la expectativa de la librera, he comprado otro título sin hojearlo siquiera. El libro fulminante que se ha quedado en la librería tiene como título Nein. Un manifiesto y su autor es un profesor llamado Eric Jarosinski, de fama en Estados Unidos y Alemania, empeñado al parecer en la fusión del aforismo en el lecho de Procusto de los ciento cuarenta caracteres de Twitter. El libro, en consecuencia, es una colección de tuits dirigidos a despertar la reflexión del lector, a la manera de los pensamientos de, digamos, Nietzsche, Chamfort o Marco Aurelio. Bien. Los tuits filosóficos de Jarosinski resultan demasiado repulidos y simétricos para ser pensamientos genuinos y demasiado obvios y racionales para ser haikus poéticos. Tras ellos se advierta el propósito didáctico del profe que los ha tejido, lo cual vale como uno de esos ejercicios escolares que no guardan ninguna relación con la realidad que envuelve al alumno. Las redes sociales son artilugios en los que todos estamos enredados y que nadie sabe qué significan. En ellas se cierran negocios, se convocan manifestaciones, se sueltan exabruptos, se acuerdan citas, se difunden rumores y, en resumen, tienen memoria corta, mínima carga de información y una función ambigua, a la vez agitadora y aplaciente. Los tuits son las cerillas de los fumadores compulsivos de mensajes. Embutir un puñado de tuits en las páginas de un libro y pedir quince euros por el artefacto es una tomadura de pelo en la que no caerán los tuiteros, cuyo pensamiento más profundo puede resumirse en, Si tengo un móvil, ¿para qué quiero a Nietzsche, a Chamfort, a Marco Aurelio o a Jarosinski? El filósofo soy yo (106 caracteres, aún hay espacio para adornar un poco la chorrada). El libro se presenta como un manifiesto, un género literario fundacional de movimientos políticos o estéticos que reclama ser releído en el futuro para entender la historia a que da lugar. Pero nadie enciende una cerilla dos veces ni relee un...

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El acompañante

Posted by on Feb 29, 2016 in Miradas |

Domingo por la mañana. La nieve del día anterior ha desaparecido de  calles y tejados. Camino hacia Ripagaina, donde la ciudad se expande. Altos edificios nuevos de viviendas en medio solares yermos, grúas, anchos viales sin tráfico, aceras despobladas, farolas como perchas de ahorcado. Paseo en compañía de ese camarada antaño leal e imperceptible que de un tiempo a esta parte no para de rezongar con una inagotable y ciertamente creativa variedad de señales amenazantes. Un pinchazo en la planta del pie, un inaudible chasquido en la rodilla, una oscilante mosca en el ojo, el entrecortado bombeo del aire en los pulmones, la lengua en la seca caverna del paladar, el cosquilleo de las manos dormidas. Toda esta fastidiosa sobreactuación que estoicamente mantengo a buen recaudo tiene lugar en un escenario urbano que, al unísono con las exigencias de atención de mi acompañante, se torna anodino, repetitivo y extrañamente provisional, hasta que advierto con rencor que me sobrevivirá y que lo único provisional en este trance es mi conciencia y el irritante compañero que le sirve de envoltura. La ciudad, esa vieja cerda que devora a su lechigada, como escribió el otro en ocasión más memorable. Los exabruptos son inútiles. Me asalta una máxima militar que oí a una amiga: cuando el camino se hace duro, los duros siguen caminando. En inglés, como lo dijo ella, suena más resolutivo, más rítmico y marcial. Mi acompañante se encoge de hombros, por decirlo así, ya que en realidad no hace más movimientos que los estrictamente necesarios para el ejercicio en el que estamos empeñados: un pie detrás de otro, atentos a los desniveles del terreno, giro de cabeza a derecha o izquierda al atravesar la calzada, un lengüetazo entre los labios de vez en cuando, alguna mirada distraída que nunca se ve recompensada por el paisaje. Una ciclista, un transeúnte con perro. Gente extraviada sin saberlo. Mi acompañante practica una economía gestual de organismo en hibernación, cuando la vida se convierte en usura. Hubo, sin embargo, un tiempo de derroche, en que esta misma ciudad fue una caja de sorpresas y mi acompañante y yo la recorríamos secundados por una jubilosa cuadrilla de fantasmas: la última película vista, unos rumorosos versos, la cara de un ángel que nos ignoraba, la parla de un amigo, una paisaje del que no queríamos alejarnos… venían tras de nosotros, pugnaban por nuestra atención, nos interpelaban, incluso hablábamos con ellos en voz alta, a riesgo de parecer chiflados. Fragmentos del mundo que mi compañero y yo atrapábamos al paso e intentábamos moldear para construir nuestra imagen. Es curioso lo tonto que suena eso cuando de la imagen no queda más que un abrigo tres cuartos, una...

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Haz lo que quieras

Posted by on Feb 28, 2016 in Miradas |

La opaca masa, más acomodaticia que inquieta, que es la militancia de un partido político, en este caso el socialista, ha respondido con un, haz o que quieras, chico, a la pregunta de su líder: ¿respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista? Un ochenta por ciento de voto afirmativo entre los votantes puede considerarse un éxito rotundo si se obvia el hecho de que la mitad de la militancia no se ha sentido concernida por la pregunta y ha pasado de acudir a las urnas. Un cincuenta por ciento de abstención ya sería notable en unas elecciones convencionales, así que, qué pensar teniendo en cuenta, a) que era la primera consulta en un partido sobre una competencia clave que venía siendo exclusiva del líder, b) que la base del censo son militantes, es decir, personas a las que se les supone un plus de compromiso con el procedimiento democrático, y c) que la respuesta orienta en una u otra dirección, presuntamente contradictorias, el rumbo del gobierno en los próximos años. Pero, aunque uno sea un camastrón incapaz de levantar el culo del sofá para ir a votar, ¿quién no desea un gobierno progresista y reformista, dicho así, en general? Los que han votado “no”  quizás lo han hecho contra ese concreto gobierno que apunta el pacto con Rivera y contra las medidas acordadas, aunque no lo sabemos, vista la naturaleza de la pregunta. Ni el sí ni el no aclaran nada. Este referéndum de partido, ni siquiera refrendario respecto al asunto consultado e indicativo solo de la encrucijada en la que se encuentra el pesoe, ha servido sin embargo para lo que fue convocado, refuerza a Sánchez frente a sus boyardos hostiles y recuerda a aquel otro referéndum de Felipe González sobre la OTAN, que tuvo un efecto devastador en la izquierda protestataria porque puso en evidencia su inanidad. El referéndum como prueba de autoridad del césar y como herramienta para que la población acate con su voto aquello que íntimamente rechaza. En nuestro país, que no es Suiza tampoco en este sentido, lo que el pueblo soberano vota en un referéndum es siempre lo mismo: no queremos líos, hagan lo que les parezca pero no nos mareen, después de todo, ¿qué va a cambiar? En el caso de la OTAN ya estábamos dentro y en el caso del gobierno de progreso, lo que quiera que signifique, estamos a una distancia inalcanzable. Populismo en estado puro, ahora que ser populista está tan mal visto. La dirigencia socialista se ha crecido tanto con el resultado de la consulta que desafían a los podemitas a que hagan lo mismo en relación con su rechazo al gobierno que intentan...

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Fósiles

Posted by on Feb 27, 2016 in Miradas | 1 comment

Es el artefacto más arcaico del tinglado institucional, creado para pastorear la provincia convertida en distrito electoral. La diputación es una matriarca ocupada en caminos rurales, escuelas primarias, centros asistenciales básicos, guardabosques, políticas municipales y actos recreativos del folclore local: los servicios mínimos para que los vecinos esparcidos por el territorio en diminutos y decadentes núcleos rurales tengan conciencia de pertenencia a una entidad superior y voten en consecuencia. Las diputaciones provinciales fueron instituidas a principios de siglo XIX, en el momento en que la burguesía rampante tomaba el poder, con el fin de implantar sobre el terreno el nuevo régimen liberal de la propiedad y del mercado (“promover la prosperidad”, en los términos originales) y facilitar el control de la población (“el gobierno económico-político de la provincia»). La regulación de cómo había de llegarse a estos objetivos fue retrasada en diversas ocasiones y finalmente quedó como un dictum del gobierno central que dejaba la máquina en manos de las oligarquías provinciales, como una escala hacia Madrid. A estas alturas de la historia, si las diputaciones han pervivido como un provechoso fósil del pasado no es por su funcionalidad ni menos por su representatividad, sino porque su sistema sanguíneo está constituido como una vigorosa red clientelar para la captación de votos en el mundo rural y de empleo público para un ejército de paniaguados afectos. No es extraño que estos armatostes hayan recuperado la visibilidad arrastrados por las andanzas de campeones de la corrupción como Fabra, Baltar o Rus, algunos de los cuales pertenecen a conspicuas sagas de caciques provinciales que se remontan a décadas atrás y que esperaban prolongar en su agradecida descendencia. Pérez Rubalcaba, que es un político perspicaz y un progresista cabal, ya propuso la extinción de las diputaciones para aliviar el gasto público, y encontró el rechazo del pepé por razones que hemos sabido después en los tribunales. Ahora resulta más sintomático que extraño que sean los boyardos enemigos de Sánchez en el pesoe los que le ataquen con el pretexto de que ha pactado con Rivera la supresión de estas anquilosadas instituciones. La oposición viene de Andalucía y Extremadura, donde al partido socialista le es imputable sin duda el calificativo de casta después de casi cuarenta años de gobierno ininterrumpido. Entre las bazas que están en juego en este complicado momento, la renovación del pesoe no es la menor ni la menos importante. Ya veremos qué dice la militancia, la cual debe decidir, no tanto sobre el pacto de gobierno, que parece en todo caso inviable, cuanto sobre la continuidad de Sánchez al frente del...

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La vida junto al muro

Posted by on Feb 26, 2016 in Miradas |

En su última exposición, el fotógrafo Carlos Cánovas dirige su objetivo a un único tema: un solitario y desvalido vegetal –un arbolito, una planta de interior, un arbusto silvestre- se proyecta contra un muro hacia el que parece irresistiblemente atraído, sea para recrearse con la visión de su sombra, para buscar cobijo ante la intemperie o para descansar en la eternidad, como un condenado espera la descarga ante el paredón o moribundo recuesta la cabeza en la lápida de la tumba que habrá de acogerle. Dialéctica y transacción entre el vegetal vivo y el muro inerte, en el que el fotógrafo encuentra un manantial de inspiración que nos ofrece en una serie de fotografías, que se adivina interminable, de hipnótica riqueza de encuadres y tonos, algunas de la cuales son sin duda obras maestras. Cánovas se confiesa un paseante y la muestra se titula, modestamente, Por las mismas calles, pero no es un vagabundo que espera ser asaltado por el beneficio del azar, sino un explorador atento y de mirada paciente y analítica. Un paseante urbano, que recorre los paisajes de la vacilante franja donde la ciudad diluye su nombre, rincones y veredas despojados de utilidad y de encanto propios, en los que toda forma de vida tiene un carácter precario, azaroso y solo esencial para sí misma. Lugares asilvestrados donde las plantas han brotado por accidente o, si son de cultivo, hace tiempo que fueron abandonados por sus cuidadores, y cuya existencia no tiene otro cómplice que la vecina pared que atestigua la trayectoria del sol y el paso de los días. Escenarios que recuerdan el despojado teatro de Esperando a Godot, del que Cánovas ha obviado sabiamente la parla de Vladimir y Estragón para concentrarse en el diálogo del vegetal y la pared, que, como todo diálogo, es apasionado y se dirige hacia la fusión de los hablantes. A medida que avanza el orden de la exposición, se acrecienta la soledad de las plantas de interior que se esfuerzan en exhibir su pretendido exotismo para llamar la atención mientras languidecen en sus forzados contenedores de hierro o arcilla, enfermas de melancolía. Las plantas incultas, por el contrario, colonizan los pies del muro para arrebujarse a su cobijo y las rupícolas, las más osadas, trepan abrazadas a él. La última serie de la muestra, titulada Para una pared y compuesta por catorce fotografías de gran formato y deslumbrante factura, ilustra este postrer acto del drama en el que las ramas y las raíces se han fundido con las anfractuosidades el muro en una sinfonía de formas y texturas en la que resulta indistinguible lo vegetal de lo mineral, lo que respira de lo que no. Imágenes que captan...

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