El malestar carlista

Posted by on May 24, 2016 in Historias |

En memoria de Pablo Antoñana, al que debo el descubrimiento de qué es la literatura en las viñetas literarias que publicaba cada domingo en el diario de mi pueblo.

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Presentación

Posted by on May 24, 2016 in Miradas |

Presentación de las candidaturas podemitas de mi pueblo para las próximas elecciones generales de junio. El lugar, una recoleta plaza del casco antiguo de la ciudad, a la vera de la catedral y flanqueada por conventos de monjas de clausura. Junto a los reunidos pasan grupos de ensimismados turistas en ruta, japoneses y jubilados españoles, que levantan la mirada brevemente intrigados por el grupo que se ha formado y aprietan el paso, como si no quisieran verse atrapados en un lío. La reunión, sin embargo, es de una modestia increíble, despojada de banderolas, altavoces, chundaratas y otros recursos típicos en esta clase de actos. La presentación discurre en el tono de la voz humana, sin más amplificación que la que ofrece un pequeño aparato de sonido. Los candidatos posan aupados en unos taburetes que les han prestado en un bar cercano, ante una batería de cámaras y con un grupo de correligionarios de pie a su espalda como único telón de fondo. En total, menos de medio centenar  de personas,  de los que media docena somos curiosos o espectadores. No hay una figura principal y cada candidato se presenta a sí mismo y explica las razones de su candidatura. El perfil  es homogéneo en todos ellos : un o una joven de apariencia informal, titulado superior, y ocupado en movimientos sociales. Sus breves y tópicos discursos están cargados de una mezcla de timidez y de osadía que se retroalimentan. De una parte, confiesan estar ahí casi por azar, empujados por una situación que quieren cambiar y, de seguido, formulan objetivos de inasible magnitud como impedir la celebración del acuerdo transatlántico para el comercio y la inversión, más conocido por su ominosa sigla inglesa, ttip. ¿Cómo van a hacerlo? No se sabe, y la ocasión no da para explicaciones de detalle, ni en éste ni en ningún otro asunto. Los objetivos se formulan como un santo y seña, de pasada y sin prestar atención a su significado. La escena tiene una tonalidad gandhiana, entrañable, pero en la que se necesita fe para creer que dará frutos, y si serán comestibles. La ventaja es que cada uno puede esperar lo que quiera porque la esperanza es libre. El viejo que asiste a la celebración desde la acera opuesta piensa, así empiezan las revoluciones. El acto, mínimo, sosegado, quedo, ha durado unos pocos minutos y  el grupo se fragmenta en subgrupos de afinidad: saludos, sonrisas, confidencias, periodistas que se acercan a los candidatos para extraerles una declaración que justifique el desplazamiento y la hora de trabajo invertida. El viejo abandona el observatorio y, al llegar a casa, le asalta uno de esos programas de televisión sobre actualidad política y ahí está la...

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Cuéntame

Posted by on May 23, 2016 in Miradas |

Imagínense que la serie televisiva Cuéntame  cómo pasó ofreciera al final de cada capítulo semanal un breve repaso a las escenas descartadas, lo que los enterados llaman making off, en las que los actores se dirigieran a su público televidente y, con el buen humor y la autocomplacencia que rige en esta clase de fragmentos, les llamaran pringaos, capullos o, para decirlo a la manera de Mario Conde, horteras. Eso es lo que han debido sentir los innumerables y tenazmente fieles seguidores de la serie cuando han sabido que sus protagonistas andan zascandileando en paraísos fiscales. Cuéntame era sobre todo un artefacto para consagrar en la imaginación popular una versión bonancible y optimista de lo ocurrido en la sociedad española en estos últimos cuarenta años y su público ha trabajado duramente  para permitirse el modesto lujo de encender la tele a la hora de cenar y recibir del televisor el reflejo del igualmente modesto bienestar conseguido. Un día, sin embargo, el tipo que enciende la tele ha sido despedido de su empleo, o ha recibido un aviso de desahucio, o le han negado la beca de la hija o la asistencia social a su padre inválido, y a la vez se entera de que los entrañables Imanol y Ana se han llevado sus ahorros muy lejos del alcance del pringue en que él mismo está sumido sin remedio. En los remotos cines de barrio de nuestra infancia, había un momento inevitable en el que la proyección se detenía después de unos segundos de rayajos y números en la pantalla y se encendía la luz en la sala y ahí estábamos los espectadores un segundo antes encantados y ahora perplejos, malhumorados, reclamando airadamente a la ventanilla del proyeccionista, que quizás había ido a darse un desahago en las islas Seychelles mientras discurría la película. También aquéllos eran tiempos miserables, en los que la realidad era insoportable y en consecuencia lo era también la interrupción de la hipnosis que proporcionaba la ficción cinematográfica. En esta situación estamos ahora: con la luz encendida y la película abruptamente interrumpida. La cancelación de la serie Cuéntame es una metáfora insuperable del fin de una época. El editorialista del periódico de referencia no lo entiende así y, bajo la advocación de una estampita de Imanol y Ana, tilda de deriva inquisitorial lo que no es sino una radical ruptura de la confianza que une a la nación con sus élites y con los sueños que estas encarnaban, y qué duda hay de que la serie Cuéntame era un emblema nacional. El editorialista del periódico de la Transición  se enfrenta a dos difíciles problemas al teclear su alegato. Primero, tiene que defender a su patrón, también...

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Risa boba

Posted by on May 22, 2016 in Miradas |

Como dicen los viejos, qué duro es ser viejo. Asisto al pase por televisión de la tercera película de la saga de los Leguineche, de Luis García Berlanga, en la que, como recuerdan los cinéfilos, la no tan esperpéntica familia protagonista concluye sus aventuras intentando trasladar al extranjero su fortuna, convertida en billetes de banco después de vender fincas y propiedades inmobiliarias. Es 1982, víspera de la victoria de los socialistas, y estos trapisondistas no saben siquiera que el dinero se lava, de modo que después de probar sin éxito diversas fórmulas de evasión, lo intentan transportando la pasta y las joyas bajo el aparatoso enyesado que cubre el cuerpo de uno de los miembros de la familia, un falso enfermo que se suma a una peregrinación organizada a Lourdes. Volví a reírme, claro, con la agudeza del guión bajo su estrepitoso envoltorio escénico, con el veneno de los diálogos y con esa impagable interpretación coral que consigue sacar chispas en cada secuencia. Pero mi risa carecía de la frescura que tuvo cuando vi la película a su estreno porque los mismos personajes, o sus trasuntos en la realidad, me han despojado de la esperanza y de la compasión que hace de la risa una virtud. Me oía a mi mismo reír y me sentía burlado, y en consecuencia irritado, colérico. Mientras los pardillos sumidos en nuestra complacencia reíamos en la oscuridad de la sala de cine, los leguineche de carne y hueso depuraban sus técnicas predatorias para desplumarnos a todos. Los personajes de la película representan los residuos parasitarios del franquismo, así que había una euforia históricamente justificada en nuestra risa de entonces, pero ¿de qué podemos reírnos cuando la misma pandilla de cabrones que puebla la película, ahora elegidos en las urnas, se ha trasladado a los telediarios y a las páginas de los periódicos desde donde nos miran con una arrogancia que, por cierto, no tenían los derrotados personajes de Berlanga? La película explica mejor que cualquier argumento la revisión crítica de que es objeto ahora mismo la Transición por parte de las generaciones emergentes, pero, a los viejos ¿qué nos dice? No es agradable mirarse al espejo y ver que en los últimos cuarenta años has sido el fullero y oportunista marqués que interpreta José Luis López Vázquez o el bellaco servil de su criado al que da vida Luis...

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Humanitarismo

Posted by on May 21, 2016 in Miradas |

De entre los centenares de miles de personas perseguidas, desahuciadas, acosadas y  expulsadas que se registran bajo toda clase de regímenes, una buena parte de las cuales están acampadas al otro lado de la alambrada que hemos levantado en nuestras fronteras, el avariento y perezoso gobierno que preside Rajoy ha decidido ofrecer la protección de la nacionalidad  española a dos relevantes personajes de la oposición venezolana, amenazados, al parecer, por un golpe militar que no se ha producido más que en las páginas de nuestros periódicos de referencia. Los beneficiados, a los que damos la bienvenida en nuestro país, disfrutan de una prebenda que no se otorgó a los innumerables perseguidos de las dictaduras chilenas, argentina y uruguaya, estos sí, víctimas de golpes militares reales y acaecidos, como el hipotético de Venezuela, en países hermanos, por utilizar la empalagosa jerga del propio Rajoy para justificar la decisión gubernamental. Por cierto, estos personajes agraciados con una urgente y nueva nacionalidad ¿son las únicas víctimas  posibles de Maduro o se trata de una medida homeopática? No hace falta simpatizar con el carácter primitivo y gritón del presidente venezolano, que apenas oculta su debilidad política, para saber que lo que está ocurriendo en ese país tiene su causa mayor en la vertiginosa caída de los precios del monocultivo del petróleo, que ha acabado con los ingresos fiscales y ha llevado al caos a la economía y a la sociedad. El régimen constitucional que ahora preside Maduro tiene su remoto origen, ciertamente, en un golpe militar incruento protagonizado por el fundador del movimiento, aunque más tarde ha sido refrendado en la urnas en todas las convocatorias electorales llevadas a cabo por procedimientos legales que nadie ha podido acusar de antidemocráticos (más o menos, para que se hagan una idea, como en la transición española) y su precedente inmediato, el gobierno de Carlos Andrés Pérez, socialdemócrata y amigo y valedor de Felipe González, fue una ciénaga de corrupción y miseria (más o menos como la situación española actual). Así que la traslación de la campaña electoral española al escenario venezolano, impulsada por el gobierno del pepé y algunos amigos que ha encontrado por el camino, quizás tenga que ver con afinidades electivas entre las situaciones históricas y las coyunturas presentes de ambos países. Al combatir a Maduro se combate al emergente podemos según el argumento simbiótico acuñado ya para siempre en la imaginación de la derecha. Pero esta estrategia tiene un objetivo mayor: estar ahí con los vencedores cuando caiga el armatoste bolivariano, igual que han caído los populismos [sic] de Argentina, Brasil, etcétera, que dieron en el inmediato pasado un exitoso impulso histórico a las sociedades de esa atribulada parte del planeta. Ahora,...

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