Hagan la prueba: pongan ante sus ojos, una junto a otra, dos imágenes del hemiciclo del Congreso de los Diputados o del Senado; una, de las frecuentes sesiones en que está vacío casi por completo y otra de alguna ocasión solemne en que todos los escaños están ocupados. Salten con la mirada de una a otra y, al cabo de un minuto como máximo, ambas imágenes les parecerán indistinguibles. Eso se debe a la cualidad gaseosa, traslúcida, de nuestros representantes democráticos. Una cualidad ectoplasmática, para decirlo con un término que despertará la curiosidad de los aficionados al programa de Iker Jiménez. Los ectoplasmas, como es sabido, tienden a afincarse en algún espacio del que se consideran inquilinos por derecho natural (una casa, un cementerio, una cámara parlamentaria) haciendo que su presencia sea constante y notoria, si bien intangible. Diputados y senadores entran y salen, aparecen y desaparecen, de los escaños o de las listas electorales por razones perfectamente ignotas para los electores, que, papeleta en mano, se limitan a cumplir con su deber por aproximación cada cuatro años. Una taxonomía rudimentaria de este comportamiento de nuestros representantes nos diría que unos son fugaces y migratorios mientras que otros parecen haber anidado definitivamente en el escaño. El conocimiento de por qué pertenecen a una especie o a otra nos está vedado a los ciudadanos. Hoy nos referiremos a un tal Pérez, que, según leo, vuelve a aparecer en la lista de la derecha para el senado para las elecciones del próximo día 20. Cualquiera puede ver a Pérez pasear por la calle de nuestra ciudad o de compras en el mercado, yo lo he visto, sin que nadie repare en él ni le dirija una mirada, lo cual resulta prodigioso si se tiene en cuenta que viene representando a mi pueblo en alguna de las cámaras del parlamento nacional desde hace por menos un cuarto de siglo. ¿Se puede ser senador o diputado durante el tiempo equivalente a la edad que tienen hoy muchos candidatos de los partidos emergentes sin que nadie te reconozca en tu propia circunscripción? Pues ya ven que sí. Es el sueño de Rajoy que algunos de sus secuaces han hecho realidad: representar al pueblo y ser invisible. Pérez y los emergentes tuvieron un encuentro casi amistoso en la época de los escraches impulsados las plataformas anti desahucios. En aquella ocasión, los activistas interpelaron al brumoso senador en una cervecería. De la noticia me asombró que los indignados hubieran llegado a saber que Pérez era senador, y me convenció de que esos jóvenes se curraban lo suyo a conciencia y de que iban en serio. Ahora me gustaría que acabaran el trabajo y jubilasen a Pérez de su condición de ectoplasma.