Es muy improbable que, en una encuesta callejera por cualquier ciudad europea, encontráramos a ciudadanos que supieran explicar lo que significa el título de este texto. Tanto más improbable si los entrevistados son de la generación de los videojuegos y de Twitter, precisamente los que pagarán en primer término las consecuencias de su ignorancia. Podemos imaginar que los más aventurados responderían que se trata de un virus informático. Sin embargo, los impulsores y organizadores del terrorismo islámico que ahora mismo tiene en vilo a Europa occidental sí lo saben. He encontrado este enigmático (para nosotros) sintagma -en caracteres latinos, para que se entere quien tiene que hacerlo- en una de las imágenes de un vídeo propagandístico del llamado estado islámico en las noticias de la plataforma MSN. La información tiene dos partes. En la primera, se informa del probable asesinato de una joven austriaca que emigró al llamado estado islámico para sumarse a la yihad y luego quiso desertar y fue apresada y linchada. En la segunda parte de la noticia se ofrece el vídeo bajo el título “ISIS amenaza a sesenta países” y en medio de un torrente de imágenes entre lo truculento y lo kitsch de incendios y explosiones y exultantes guerreros barbudos, aparecen las dos palabras, como una clave de la película: Sykes-Picot. Bien, al grano. Sykes-Picot es el acuerdo firmado por Francia e Inglaterra en 1916 (por el nombre de los diplomáticos que lo negociaron) para repartirse los despojos en Oriente Medio del imperio otomano (hoy Turquía) al término de la I Guerra Mundial, en la que este estado se alineó con las derrotadas potencias centrales europeas. Según el acuerdo, Irak y Siria quedaron como protectorados de Inglaterra y Francia, respectivamente, En este contexto se produjo un año más tarde la llamada declaración Balfour por la que Inglaterra aceptaba Palestina como un hogar nacional para los judíos bajo su mandato. Los yihadistas, al parecer, no lo han olvidado, y nosotros haríamos bien en recordarlo. El estado islámico no es un estado y no está legitimado para reclamación alguna pero quién sabe si llegará a estarlo en algún momento del próximo futuro, cuando los antiguos protectorados francobritánicos, devenidos dictaduras nacionalistas a raíz de su independencia en los años cincuenta, son estados fallidos, en gran medida por la intervención directa de Occidente en nombre la lucha contra el eje del mal. Dejémonos, pues, de apelativos vudú y vayamos a la historia de verdad. Si la integridad de un estado fuerte con una antigüedad de quinientos años como España está cuestionada por una parte de su ciudadanía, ¿qué podemos esperar de estados que fueron trazados con tiralíneas en el desierto hace cincuenta años a beneficio de los intereses de potencias imperialistas? ¿No es posible que de este engrudo histórico, hoy en ruinas, salga un estado nuevo como quieren los yihadistas? Tanto más si consiguen arrastrar tras de sí a saudíes e iraníes, que tampoco tienen gran cosa que agradecer a míster Sykes y a monsieur Picot. Si hemos de ir a la guerra, al menos hagámoslo sabiendo por qué.
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