En algún lugar de la obra de Julio Cortázar que intento rescatar del pozo de la memoria, el autor ofrece un irrepetible mosaico de palabras descabaladas que solo al final del texto el lector advierte que corresponden a los titubeantes y desconcertados pensamientos/pululaciones de las gallinas de un corral en el que acaba de estallar una bomba. El recuerdo de este fragmento, que no sé si es fiel a lo que escribió Cortázar o una reelaboración ad hoc de mi estado de ánimo, me ha asaltado al leer las reacciones al atentado de París. Las redes sociales en las que estamos enredados fomentan y amplifican el cacareo. Willy Toledo dice que la culpa de todo la tiene Hollande. Arturo Pérez Reverte nos llama tontos y nos pregunta si creemos que vivimos en Disneylandia. Etcétera. Y eso solo por mencionar a famosillos de la corrala. En el cuento de Cortázar solo dos cosas son impepinables: la bomba y las gallinas. Las palabras que hilvanan estas dos certezas aparecen a voleo, como un pedrisco, y se confunden con las detonaciones y los lamentos. La deflagración lanza al espacio esquirlas de piedra y de lenguaje. Las víctimas necesitan (necesitamos) buscar una salida física y un sentido lógico pero los que dirigen el mundo no parecen más cabales que el común. Hollande profiere: es la guerra total. Es una proclama marxista-grouchista cuando parece que las balas vienen de todas partes. Pero, si es una guerra, ¿cuándo comenzó?, ¿con la invasión de la extinta URSS a Afganistán?, ¿cuando los americanos armaron a los yihadistas para echar a los soviéticos?; ¿cuando estos yihadistas armados atacaron Estados Unidos el 11-S?, ¿cuando nuestro Aznar y la alianza del bien decidieron embarcarse en una aventura deportiva en Irak? Y en cuanto a los contendientes, ni siquiera podemos distinguir a los amigos de los enemigos. ¿Son amigos Marine Le Pen, que tiene secuestrada a la mitad de la opinión pública francesa para la causa xenófoba, o Arabía Saudí con la que hacemos pingües negocios mientras exporta ideología extremista y quién sabe si algo más?, ¿es ahora amigo el ayer enemigo Basher al Asad en Siria como dice nuestro amigo/enemigo Putin?, ¿nunca debimos ayudar a que se cargaran a Gadafi al que nuestro Aznar alabó por su esfuerzo democratizador? Pero basta de preguntas que responderán el tiempo y las bombas. Hoy todos los somos Francia; mañana, ya veremos. En el bar del pueblo donde he tomado el aperitivo de mediodía, un cliente tarareaba La Marsellesa haciendo coro con la banda sonora de las noticias de la televisión y otro le ha replicado, oye, que a nosotros también nos invadieron esos.