Ser catalán en España, ¿es una debilidad o una fortaleza?, ¿una amenaza o una oportunidad? Si quieren aproximar una respuesta, sigan el itinerario del aventajado líder de Ciudadanos, que ha debido hacer muchas veces el análisis DAFO para descifrar su suerte política, igual que otros consultan el I Ching y otros, como Rajoy, consultan a Pedro Arriola o a Soraya. Rivera es el único capitoste que ha acudido a la llamada del frente antisecesionista con los deberes hechos y empuñando una propuesta de cinco puntos para anudar a los firmantes del hipotético pacto. Los cuatro primeros puntos de la propuesta son otros tantos tópicos (soberanía nacional, unidad territorial, constitucionalismo jurídico y compromiso europeo) cuya única virtualidad reside en que proclaman lo contrario de lo que predican los libertarios de la CUP. El quinto hila más fino y obliga a los copartícipes del frente y mañana competidores electorales a tentarse la ropa: Compromiso de los partidos firmantes a no gobernar con aquellas fuerzas políticas que quieren romper España. ¿Cuáles son esas fuerzas y hasta donde llegan? ¿Incluyen a Podemos y a Antonio Machado? No olvidemos cómo terminó este infeliz, poeta tenía que ser, precisamente por sus malas compañías. Tiene mérito que el recién llegado se atreva a decir a los dos grandullones que han ocupado la cancha durante cuarenta años con quién pueden o no pueden pactar. Por lo que respecta a Cataluña, ambos llevan pactando con quienes quieren romper España, por decirlo al modo usual, desde la promulgación misma de la Constitución, y no solo pactando sino dejando que amasaran una montaña de dinero en corruptelas, precisamente como precio a la unidad constitucional (que antaño se llamaba consenso). ¿Cómo piensa Rivera zanjar esta encrucijada estructural? Ya veremos, cada cosa a su tiempo. Por ahora, su propuesta tiene dos destinatarios. En Cataluña, son los catalanistas a los que les tiemblan las piernas por la deriva del procés y advierten la debilidad del desafío independentista, que puede convertirse en fortaleza si abandonan la vieja y destartalada gabarra que pilota Mas y se pasan al turboyate de Ciudadanos (que, para más comodidad, en Cataluña se llama Ciutadans). En el resto de España, el mensaje de Rivera se dirige a convencer a los vetustos votantes del PP de que tener un presidente catalán no es una amenaza sino una oportunidad, ¿para qué iban a pretender los catalanes la independencia si ocupan La Moncloa? Un genio, este muchacho. Cuando le llegue el momento de la puerta giratoria, se lo disputarán, no las del Ibex35, que es cosa menuda, sino Apple, Microsoft o cualquier emporio chino de nombre impronunciable. Lástima que, ahora mismo, los destinatarios de su mensaje están estupendamente instalados en la dialéctica Madrid-Barça y los experimentos, con gaseosa, (ocurrencia que, por cierto, se atribuye a un catalán españolista a fuer de franquista: Eugenio, o Eugeni, d’Ors i Rovira).
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