Nunca tantos debieron tanto a tan pocos, dijo Churchill en relación con la batalla de Inglaterra, y nunca tan pocos han hecho esperar tanto a tantos, podríamos parafrasear aquí en relación con la batalla de Cataluña. Todos pendientes ayer de la asamblea de la CUP y de la esperada resolución sobre su apoyo o rechazo al president Mas y, al final, tenemos que escuchar una homilía moral sobre cómo debe ser Cataluña a partir de ahora. Si le consuela a Raül Romeva, que ayer escrutaba las palabras de los deseados y huidizos socios como quien escucha a la sibila, diré que yo también ardo en deseos de conocer el desenlace. Me va en ello mi prestigio de profeta. El caso es que mi amigo Quirón, el centauro, y yo venimos porfiando desde hace semanas a la hora del cafelito de media mañana sobre el desenlace de esta partida y yo sostengo que la CUP no apoyará a Mas y él dice que sí. La discrepancia entre nosotros está en qué pesa más en esta agrupación de místicos, si la independencia o la utopía. Mi amigo sostiene que la primera, y yo, que la segunda. Es obvio que ellos mismos no saben a qué atenerse. Los rostros graves de los comparecientes al término de la reunión de ayer, la forzada firmeza en la elocución del comunicado, las miradas absortas, indicaban una gran lucha interior en estos celosos custodios del futuro del país. El manifiesto final era menos un programa que una plegaria. La secesión de España no debe ser un proceso sino un acto –una epifanía, diríamos- y el próximo gobierno ha de ser el constituyente de la república catalana, sin mediaciones ni titubeos. La libertad guiando al pueblo. Hombre, Artur Mas ya se ha quitado la corbata ¿pretenden ahora que se arranque la camisa y exhiba los pectorales? Nunca supimos en qué y dónde terminaron aquel puñado de desarrapados republicanos que aparecen en el lienzo de Delacroix y este fin de semana tampoco sabremos en qué y dónde acabarán los abnegados sans culottes de la CUP, así que daremos descanso a esta bitácora para buscar inspiración en otros mundos. Buen finde y salud y república, para quien pueda pagársela.