Entre la estúpida tautología del presidente Rajoy para el que “un vaso es un vaso y un plato es un plato” y la sonrisa ratonera del president Mas durante el penoso episodio de guerra de banderas en el balcón del ayuntamiento de Barcelona hay un amplio campo para el acuerdo. No es posible que Rajoy sea tan tonto como parece ni Mas tan astuto como se exhibe. Esto nos hace ser optimistas respecto a un futuro acuerdo en el negocio que los enfrenta y que tendrá el característico toque pastelero con que las elites de este país suelen adornar sus acuerdos, dejando a salvo su honor de enredadores y la posibilidad de volver a las andadas en cuanto se presente una nueva ocasión. Así que mala suerte para los maximalistas de ambos campos, pueblo embravecido por la causa, desde los que desean la intervención del ejército, a un lado, hasta los creen que la paradisíaca independencia está en el afilado perfil de su voto, al otro. Lo que se juega en las elecciones de hoy es si Rajoy y Mas van a seguir al frente de sus respectivos tinglados. El primero, para continuar su agenda de más recortes, precariedad y desigualdad social, y el segundo para lo mismo, pero en su propia finca y con la ciudadanía catalana rendida a sus pies. En este sentido, el imán mediático que ejercen los dos líderes nos han impedido atender a los bochornosos argumentos de la izquierda secesionista justificando los recortes en Cataluña como el efecto de la opresión de Madrid. Vamos a ver, si Cataluña no tiene cuajo para resistir el presunto mandato de unos recortes presupuestarios y se somete con tanta prontitud y diligencia al mandato de Madrid, ¿va a tenerlo cuando sea independiente y quien dé las órdenes sea Merkel o el FMI? Pero basta de subalternos. Ni a Rajoy ni a Mas se les oirá nada parecido, ni aunque sea sensato. Rajoy oculta su silencio estratégico tras unas tautologías para necios que tienen entretenida a la opinión mediática durante unos días y Mas ofrece sus mensajes a través de un repertorio gestual de cortes de manga, chistecillos para adeptos y sonrisas pour connaisseurs. De los argumentos, que se ocupen otros. Rajoy y Mas ya tienen bastante con cabalgar la ola en la esperanza de que sea el otro el que se estrelle. Ambos muestran similitudes inquietantes en su currículo: son segundones de la saga fundadora de sus respectivos negocios, que han heredado totalmente corrompidos en tiempos de aflicción económica, y ya se sabe el consejo jesuítico: en estos casos, no hacer mudanza. Este enroque en sus posiciones de partida es una cautela de viejos generales cobardones hasta ver qué resulta del choque de las respectivas infanterías en las urnas. Si gana uno u otro bando, malo; si el lance queda en tablas, también malo, porque en ambos casos habrá bajas y muchas heridas de difícil cicatrización, pero los generales conservarán los galones y al cabo firmarán alguna clase de armisticio.
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