Los viejos vagamos por la Red como un ciego, por itinerarios cortos, lineales y reiterativos, y apoyándonos titubeantes en webs conocidas y previsibles. Y, como a cualquier ciego, se nos hurta buena parte de la belleza del universo. Ya no hablamos de las profundidades abisales de Internet donde los que saben dicen que se encuentra un maravilloso mundo fosforescente e ingrávido, sino de zonas accesibles a poco que se posea una pizca de curiosidad pero que ignoramos por una mezcla de desdén y temor. Son precisamente las páginas de la Red que visitan nuestros hijos y de las que se nutren. Es decir, ofrecen una representación del mundo seguramente más vívida, más común y menos decadente que la que poseemos sus padres. En esta ocasión, como en otras anteriores, el lazarillo ha sido mi amigo Xabi, que me ha llevado a una web de contenidos bizarros y esquinados, entre los que me hace observar uno en especial: la aventura de un joven matemático de brillante currículo académico, doctorando en su especialidad, creador de software para diversas aplicaciones, que se gana la vida dando clases a universitarios y, un poco más allá, haciendo los trabajos de post grado y máster para los incompetentes. El reportaje relata una de estas suplantaciones, más compleja que otras, porque llevó al suplantador a cambiar la apariencia física – rasurado de cráneo y falsas gafas de pasta incluidos- para parecerse al suplantado en un examen de última oportunidad y obtener una nota suficiente pero mediocre para no levantar sospechas. La preparación se llevó a cabo en la casa del beneficario, bajo la competente dirección de la madre y tía de este mientras solícitas doncellas ofrecían al héroe pastas y dulces. Al término de la operación de maquillaje, las damas rezaron a la virgen santa para que todo saliera bien. Pero enlacen la web para leer la noticia completa, dejen este blog de jubilado y salten directamente al futuro, tal como lo ven nuestros hijos.