Antes se decía que el nacionalismo se curaba viajando, ahora se recomienda una visita de la inspección fiscal. El dinero siempre está en otra parte, bien porque te lo roban, como creen los nacionalistas ingenuos, o bien porque lo robas tú, como saben los nacionalistas listos. Ambas subespecies cohabitan en la lista catalana Junts pel Sí y la inspección fiscal ha desbaratado la armonía. Aún hay otra subespecie de nacionalistas, la más peligrosa porque propende a la mística, la de los empeñados en negar la evidencia: son los que echan la culpa a la policía de la existencia del ladrón. Para estos, la nación es el paraíso, donde, como todo el mundo sabe, no hay ni ladrones ni policías. Esta tercera subespecie no dirige el procès, para decirlo en la lengua vernácula, porque está demasiado emocionada, pero su aliento es imprescindible para que avance. Es el barro en manos de los demagogos. De hecho, la construcción nacional consiste en que los nacionalistas listos sepan agrupar a su lado a los nacionalistas ingenuos y entre ambos manejen con tino las expectativas de los nacionalistas fanáticos. La nación exige del maridaje del dinero y las emociones. Racionalizar este imposible es el objetivo que se marca la llamada izquierda nacionalista. A tal fin, hospedaron en la lista común al dinero con la hospitalidad que ofrece la manzana al gusano. No puede decirse que no estuvieran advertidos pero las frutas de temporada están enamoradas de sí mismas y la manzana nunca espera que la vayan a abrir en la mesa. Con la misma falta de previsión, els junts creyeron que llegaría antes la independencia que la inspección fiscal. Pueden imaginarse la regocijante escena: la guardia civil intenta llegar al despacho de los corruptos y los mossos d’esquadra les detienen en la frontera, y ya tenemos un incidente diplomático donde antes solo había un caso de prevaricación o de lavado de dinero. Básicamente, para eso sirve el nacionalismo. Y menos mal que solo sirve para eso; en el país donde escribo sirvió también durante muchos años para que a un cualquiera le pegaran un tiro en la nuca o le volaran el coche con él dentro.