La portavocía de un partido político es un empleo de alto riesgo, y, si es del partido actualmente en el gobierno, linda con el suicidio. La principal función de este personaje es evitar, o desviar si no se puede otra cosa, la lluvia de cascotes que trae la realidad y para ello debe improvisar una cubierta tallada en el lenguaje de madera del partido, hecho de omisiones, medias verdades, mentiras enteras y consignas autoritarias contenidas en el orden día, llamado ahora argumentario. De modo que los que ocupan este puesto suelen ser gente intrépida y un tanto inconsciente, de los que no se sabe si se sienten tan jóvenes como para arrostrar cualquier riesgo o tan viejos como para que les importe un comino las consecuencias. La imagen que queda de la anterior nómina de portavoces populares –los Pons, Pujalte, Floriano, etcétera- es la unos tipos con la piel abrasada por la sobreexposición a la evidencia de los hechos. A veces me pregunto cómo se presentarán ante sus nietos en las fiestas familiares. La nueva hornada de portavoces para sustituir a los quemados está encabezada por un joven que opositó al puesto con una humorada grotesca proferida ante todo el partido reunido en asamblea, en la que se atribuyó gaseosamente haber detenido a los tanques en la plaza de Tianamen y haber tirado con sus manos el muro de Berlín. Con ese currículo y la osadía de proclamarlo, lo menos que podía hacer su partido es nombrarle portavoz. He vuelto a pensar en este selecto cuerpo de héroes –como los bomberos de Nueva York, digamos- al leer las declaraciones del portavoz popular en el consistorio de Madrid (del que obviaré su nombre por pereza y para facilitar la tarea al olvido) sobre las vacaciones de la alcaldesa. El arriscado edil ha adoptado un tono de profeta bíblico: «La alcaldesa puede gastarse su dinero como quiera, pero en una situación de crisis en la que muchos madrileños no han podido irse de vacaciones, un cargo público tiene que ser ejemplar en su conducta». Vamos a ver, si los datos alegados sobre el gasto en las dichosas vacaciones por quienes los han gastado son ciertos -4.000 euros de alojamiento para 8 personas durante 10 días-, quiere decir que la alcaldesa ha pagado 50 euros por noche, menos de la tarifa de un hotel medianito. Si a este precio ha conseguido unas “vacaciones de lujo”, como dice el profeta municipal, quiere decir que la alcaldesa es una chica muy lista y tiene ojo para detectar las oportunidades en los buscadores de Internet. ¿Creen ustedes que este sencillo cálculo enmendará la tendencia a las bobadas del Isaías madrileño? Ni lo piensen, esta clase de profetas se dirigen a un público pensante como si fuera un rebaño de ovejas. Se debe a que perdieron las lentillas en el tumulto de Tiananmen.
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