Después de un cuarto de siglo de empuñar gloriosamente la vara de mando, la derecha de mi pueblo fue derrotada en las pasadas elecciones regionales por un frágil acuerdo de cuatro partidos, un combinado de izquierdas, del centro al extremo, sin más en común que cierto tinte nacionalista y populista. A raíz de su desalojo de la poltrona, la derecha entró en shock y, a juzgar por la campaña que ha diseñado para estas elecciones generales, aún no ha salido de él. El mensaje nuclear no es la imagen del líder, ni un lema, ni ninguno de los reclamos estándar al que los sufridos votantes estamos acostumbrados sino un rosario de meditaciones, máximas, admoniciones o jaculatorias, que el paseante puede ver que se suceden en los carteles colgados de la farolas mientras se dirige ¿hacía dónde? No es lo mismo adoctrinar que educar, no es lo mismo sectario que plural, no es lo mismo paralizar que avanzar, no es lo mismo imponer que pactar, no es lo mismo aislar que conectar…, dicen los carteles. Hay algo de torturada introspección en esta letanía, como si los mensajes no fueran dirigidos a mover la voluntad del votante sino a iluminar su alma y, en una tierra tan espesamente clerical, es inevitable que evoquen la cuaresma. El diseño de la campaña puede parecer discursivo, aburrido, incluso extravagante, pero se dirige con precisión al sustrato cultural de sus votantes tradicionales, si su vista les permite leerlos, claro. Un viejito (como quien esto escribe) encuentra espontáneamente el ritmo de estos mensajes cadenciosos en otras salmodias alojadas en su memoria reptiliana: Jesús sentenciado a muerte, Jesús cargado con la cruz, El Cirineo ayuda al señor, La Verónica enjuga el rostro de Jesús, etcétera. Las elecciones como promesa de resurrección y la campaña electoral como evangelio salpimentado de moralina que enlaza el barrizal de la política con la imaginación mítica. No otra cosa, si bien en sentido contrario, hacen los emergentes cuando se invisten con la parafernalia de La guerra de las galaxias. Estos vienen de la imaginación mítica y pretenden aterrizar en la realidad. Las elecciones no son más que una pugna entre mitologías. Y el agosto de los publicistas.