En la provincia donde vivo se celebra cada 9 de agosto un homenaje al subteniente del ejército, músico del regimiento acuartelado en la localidad, asesinado en esta fecha del año 2000 por la banda terrorista que tuvo en vilo al país durante cuarenta años y que aún no se ha disuelto ni ha desaparecido aunque lleve tiempo inoperante. El atentado mortal fue una ejecución a quemarropa particularmente memorable porque sucedió en un periodo terminal de la banda, cuando ya la sociedad estaba movilizada contra el terrorismo y la víctima era un vecino sin significación política alguna. Al homenaje asisten, la viuda, que ya no vive en la localidad, sus hijos, amigos y representantes de instituciones y partidos que también sufrieron el acoso del terrorismo y que antes estuvieron en el gobierno regional y ahora están en la oposición. A la inversa, los partidos que en el pasado colaboraron políticamente con la banda terrorista y otros que no sufrieron su acoso, bien por alguna remota afinidad ideológica o porque no existían en esa época, y que ahora forman la coalición de gobierno, jamás han asistido a este homenaje. Para decirlo todo, celebran el suyo propio el 8 de julio, en que disparos de la policía acabaron con la vida de un militante izquierdista hace treinta y siete años. Tus muertos, mis muertos, y todos fríos y ausentes. Estas iniciativas tienen lugar, hay que decirlo, en medio de la absoluta indiferencia de la sociedad, que básicamente no quiere más líos ni quebraderos de cabeza de los que ya tiene. Y ahora vamos al homenaje de pasado domingo y su poliédrica verdad. Al acto asistió la presidenta del parlamento regional, del partido emergente Podemos (entendemos que por sincera solidaridad con la víctima y por responsabilidad institucional, ya que representa a toda la ciudadanía). Lo que ocurrió entonces tiene un sesgo distinto para cada lector de la noticia, según sea el periódico en el que se informe, aun aceptando que los hechos narrados por los dos rotativos provinciales son ciertos. El diario progubernamental, que hasta hace un mes estuvo en la oposición, destacó en su edición de ayer que la presidenta del parlamento fue objeto de insultos y amenazas que la obligaron a abandonar el acto ante la impasibilidad de los demás asistentes, pero obvia el hecho de que ningún miembro del gobierno asistió al homenaje. La noticia así formulada convertía el homenaje en una reunión de hooligans. El diario de la oposición, que antes era progubernamental, destacó a su vez que ningún miembro del gobierno había asistido al homenaje pero no mencionaba el hecho de que un puñado de extremistas insultó a la segunda autoridad electa de la comunidad. Esta versión de la noticia convertía el homenaje en un acto casi clandestino de resistencia ante un gobierno de terroristas. En ambos casos, la ocultación formaba parte de la noticia. El primero oculta la indiferencia del gobierno por la víctima y lo que significa y el segundo oculta el revanchismo que anida en el aparentemente pacífico entorno de las víctimas. Esta esquizofrénica visión de la realidad ilustra sobre lo que nos queda para digerir toda la bilis acumulada en los llamados años de plomo, si llegamos a conseguirlo.
Nota: Los enlaces a las versiones en línea de los dos periódicos provinciales caducan a las veinticuatro horas por lo que el lector curioso deberá recurrir a la versión impresa si quiere confirmar los datos de este comentario.