A J.L. G-A., que no acepta la política como farsa y ha inspirado esta nota.
En las próximas elecciones catalanas se dirime exclusivamente si Artur Mas seguirá al frente del tinglado. Qué forma adopte el tinglado por último es secundario; de hecho, ningún contendiente en los comicios formula en detalle su propósito y, mucho menos, el método para alcanzarlo, ni siquiera el adversario mayor del procés, el presidente del gobierno español, el cual quiere hacernos creer que tiene en el cajón un arma secreta, antídoto fulminante contra cualquier avatar que adopte el efecto Mas. Rajoy es uno de esos personajes que ha pasado tanto tiempo en la segunda fila de la política que no es esperable que se adelante a los hechos. Estamos, pues, sumergidos en la enésima versión de Alicia en el País de las Maravillas, donde la percepción de la realidad no coincide con la realidad misma y las palabras van dando tumbos en busca de un significado inteligible. Lo dice Lewis Carroll: Un autor no entiende necesariamente el significado de su propia historia mejor que los demás. Artur Mas es técnicamente el líder de un partido en declive, consumido por la corrupción, que empieza en la cabeza fundadora y nadie sabe hasta dónde llega, con las sedes embargadas y la política de su gobierno fuertemente contestada por los recortes al bienestar social. Si se presentara a las elecciones con estos avales, la derrota sería segura, y no sería la primera vez, así que comparece envuelto en la presunta voluntad mayoritaria de la sociedad civil, convertida en oriflama de la patria. En esta pose mayestática, parece empeñado en ilustrar la repetida sentencia del doctor Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”, afirmación que, si bien conserva su valor universal, ciertamente no puede aplicarse a los numerosos catalanes que creen que la independencia de su país sería el principio del fin de sus males porque los sueños también forman parte, e importante, de la política. Lo que llama poderosamente la atención y constituye una enmienda a la totalidad del seny que se les atribuye es que hayan decidido dejar la llave de sus etéreos anhelos en manos de un personaje tan cercano al fango. Hay tipos cuya capacidad de seducción les permite sortear la evidencia más abrupta y el razonamiento más depurado, y Mas parece ser uno de ellos. La argucia de presentarse en el cuarto puesto de la candidatura independentista, precedido por un trío de desconocidos del que el elector no retiene más que el cráneo rasurado y las gafas de diseño del primero, es una trapisonda de comedia levantina. Estos uomini qualunque que han aceptado ir en vano en los primeros puestos semejan devotamente a los partidarios que sirven de telón de fondo del orador principal en los mítines televisados y subrayan sus ocurrencias con generosas sonrisas, vigorosos asentimientos de cabeza y aplausos entusiastas. Dicen que esta brigadilla de choque que sirve de escabel al president es o procede de la izquierda pero ¿qué significa eso? ¿van a derrocarlo apenas consigan el paraíso de la independencia para alcanzar el segundo y definitivo nivel de la felicidad, el paraíso socialista? Este tipo de delirios pasaban por análisis objetivos en los medios de izquierda hasta no hace tanto, así que no sería extraño que conservasen cierto predicamento porque es más fácil cambiar de ideas que de modo de pensar. Alicia tuvo un final feliz pero en esta versión del cuento estamos ante un final abierto, como en las novelas experimentales.