El gobierno central y la orquesta mediática han dado la alerta sobre los sospechosos habituales infiltrados en el futuro e inmediato gobierno de esta provincia subpirenaica desde la que escribo. El foco está dirigido contra la abogada que llevará la cartera de la policía regional, nombrada a propuesta del partido réprobo al que en el pasado su afición a las actividades terroristas le llevaron a dar numerosos tumbos hasta alcanzar estatus legal. La rutinaria alarma ha durado unas horas, como esas chicharras que se disparan automáticamente en la calle y obligan a la gente a mirar a alrededor para descubrir la causa a la espera de que el encargado la desactive. Qué trabajoso es vivir en este Viejo Reyno, que hasta en el nombre lleva una errata -una especie de anomalía de origen-, tan pequeño, tan doméstico, tan convencional en sus usos sociales y sin embargo, tan aparatoso, tan sobrecargado de referencias políticas, tan tenso en la plaza pública. Ignoro los lazos de la abogada con el partido que la ha propuesto (el tercero en representación parlamentaria) pero lo cierto es Mª José Beamont es una reconocida profesional del Derecho que durante muchos años llevó ante los tribunales los argumentos e intereses de los opositores al actual embalse de Itoiz, en cuyo proceso ganó algunas batallas legales. La oposición a este embalse no se distinguió de otros iniciativas similares registradas en la España de los ochenta y noventa en las que el vecindario, mayoritariamente, mostró su rechazo a un cambio tan radical del paisaje y de sus usos que implicaba la inmersión de un pueblo bajo las aguas, en este caso precisamente el que da nombre al embalse. El conflicto de Itoiz fue muy largo y tortuoso pero no se registraron actos de terrorismo, al contrario que en otras obras públicas de la época. El gobierno regional y la confederación hidrográfica tuvieron que emplearse a fondo, mediante fuertes inversiones complementarias de obras y servicios en los municipios afectados, para reducir hasta su casi extinción el rechazo popular. El hombre que desde finales de los noventa gestionó sobre el terreno esta acción del gobierno fue precisamente el que en las pasadas elecciones encabezó la lista de la derecha que ha sido desalojada del poder por los sospechosos habituales.
El alboroto mediático ha obviado esta perspectiva doméstica y algo aún más significativo referido a la formación del nuevo gobierno regional. Su presidenta se ha apresurado a atajar las críticas afirmando sin contemplaciones la consejera señalada lo es de su gobierno y no de un partido. Este gesto de autoridad retrata a Uxue Barkos y da noticia de la proeza política protagonizada por esta brillante parlamentaria. Al frente de una plataforma de independientes, inspirada y soportada por un partido que en el Reyno es extraparlamentario (el PNV), con menos del 16% de los votos y el 18% de los parlamentarios, ha conseguido formar un gobierno de profesionales de reconocido prestigio sin adscripción partidaria y con la ikurriña en la solapa, y ha bloqueado ambiciones partidistas de sus socios de izquierda, de los que sin embargo ha conseguido su aquiescencia para un eslogan tópico –el gobierno del cambio– aireado día sí y día no por la prensa afecta pero sin contenido conocido por ahora. Que esto haya sido posible da idea del erial en que habían convertido el foro público los interminables años de contubernio de la derecha regionalista y los aflictivos socialistas.