El referéndum griego obliga a todos a concentrarse en su resultado. No importa cómo se ha llegado hasta aquí, ni cuáles serán las consecuencias. Importa el resultado mismo, el signo de la victoria o de la derrota. Luego ya se verá. Una falange de jubilados expoliados, amas de casa con la cesta vacía y jóvenes sin expectativas de empleo se disponen a resistir con el voto las imposiciones de los persas. ¿Pero qué ocurrirá si, en efecto, los persas se retiran del campo? Las Termópilas es un mito europeo, no solo griego, porque a todos nos halaga saber que hay un puñado de héroes que nos defienden en el desfiladero de la intrusión de los bárbaros. Pero, ¿y si los bárbaros somos nosotros? ¿Y si los hoplitas griegos, no solo defienden las pensiones, el empleo y la atención sanitaria sino también la consentida evasión fiscal de los armadores de sus barcos y de los clérigos de su iglesia y las mordidas de los funcionarios públicos? ¿Héroes o corruptos? La corrupción ha presidido todo el proceso que se dirime este domingo. Los bárbaros del norte –los ahora iracundos acreedores- no ignoraban que su socio meridional carecía de solvencia cuando convinieron su ingreso en el euro; sabían que en ese país la evasión fiscal era un hecho atmosférico y que las cuentas públicas no cuadraban, lo sabían porque se lo decían los mismos griegos, pero aceptaron las condiciones para hacer buenos negocios. Ahora vuelve el momento de los héroes, y del albur de las circunstancias. En aquella famosa ocasión hace 2.500 años fue un griego el que abrió el paso al ejército de Jerjes para romper por la retaguardia las defensas de Léonidas y sus trescientos (eran más pero el marketing lo llevaron los espartanos). Aquel listillo, al que la historia ha identificado como Efialtes, hijo de Euridemo, debió pensar que a Grecia le iría muy mal si se resistía a la globalización de la época, lo que podríamos llamar libérrimamente la Unión Persa, e hizo lo que pudo para evitarlo. El resultado de la batalla de mañana no será muy distinto al de su precedente: no dirimirá el conflicto y causará graves destrozos en ambas partes. A los estrategas de esta ocasión, Yanis Varoufakis y Wolfgang Schäuble, por decir dos nombres de entre los múltiples notables que están en el cotarro, les gustaría acaso ser recordados como el pugnaz Leónidas, pero lo cierto es que todo el mundo preferiría que encontraran un sendero alternativo, como el traidor Efialtes.