El sistema electoral español favorece el bandidaje, lo que no quiere decir que quienes se benefician de él no sean bandidos buenos. Esta figura legendaria tiene, desde Robin Hood a Luis Candelas, larga data en el aprecio popular, y más en países rústicos y tan propensos al folclore como el nuestro. Aquí, el político se presenta a las elecciones en una lista cerrada y bloqueada, como una falange macedonia, pero, cuando consigue el escaño, recibe un capitalito, una especie de botín de guerra, que le sirve para negociar ciertas ventajas personales: la posibilidad de hacer negocios colaterales para sí o para los suyos y una relativa inmunidad en forma de aforamiento en caso de que trascienda la raya de la ley, así como la solidaridad de sus compañeros de sigla y circunstancia, al menos hasta la puerta de la cárcel, si se da el caso. Los tradicionales partidos políticos españoles son un híbrido de organización leninista y familia mafiosa. Del primer modelo toman la disciplina cerrada, la camaradería ciega y la lealtad al jefe, que es quien dispone el orden en la falange electoral y en consecuencia la posibilidad ulterior de participar en el botín, y del segundo, el modo clientelar de operar en su entorno. Antes de las elecciones, la consigna es, todo por el partido; después, ¿qué hay de lo mío? Este equilibrio bipolar funciona hasta cierto punto y bajo condiciones óptimas de bonanza económica, pero, si se tuercen las cosas, llega un momento en que hay que elegir entre el partido y el partidario. Como en cualquier juego de guerra, hay que sacrificar piezas para conservar el grueso de la fuerza. Esto es lo que viene ocurriendo en el sainete del partido socialista de Andalucía. De Gaulle renunció a fusilar al mariscal Pétain porque era una gloria de Francia a pesar de que se había entregado al enemigo ocupante y con él había entregado la República. Me pregunto cómo podrá Susana Díaz forzar la devolución del escaño a uno de los conspicuos fundadores del mítico “clan de la tortilla”, a cuyo quehacer debe, entre otras cosas, la presidencia que ocupa.