Una traductora e investigadora literaria entra en una librería de un barrio ignoto de la ciudad en la que espera encontrar una novela publicada en el contexto de un movimiento cultural en cuyo conocimiento y difusión ella trabaja desde hace años y del que puede considerarse introductora en el área lingüística del castellano. En la librería pregunta por el título que busca y observa en el dependiente que la atiende una inesperada turbación. El empleado atrae a la cliente a un rincón apartado y en voz baja y tono confidencial le dice que no tiene la novela pero que puede requerirla en tal otra librería, a la vez que le sugiere que, al hacer el pedido, lo haga por escrito en una nota y no de viva voz pues los demás clientes podrían sentirse ofendidos al oír el título de la novela, como de hecho le ha ocurrido a él mismo. La investigadora sigue las instrucciones y, después de chocar con alguna otra propietaria de librería no menos cargada de suspicacias y prejuicios respecto al interés bibliofílico de la extranjera, consigue un ejemplar del libro, descatalogado desde tiempo atrás.
Este arranque de relato de misterio tiene la virtud de atrapar al lector en las primeras líneas de la introducción que Maribel Cruzado hace en la edición española de El paraíso de los negros, de Carl Van Vechten, un escritor y fotógrafo estadounidense vinculado al Renacimiento del Harlem, el movimiento cultural afroamericano que eclosionó en los años veinte del siglo pasado, contemporáneo de los primeros movimientos de la población urbana negra por el reconocimiento de sus derechos. Lo que hizo de la novela un material explosivo desde su misma publicación es la palabra Nigger (negro, en jerga), que aparece en el título; the N-word, la palabra prohibida, un espinoso tabú lingüístico vigente aún hoy en la sociedad norteamericana por sus injuriosas connotaciones para los afroamericanos. El paraíso de los Negros versa sobre las razas y el racismo en el burbujeante Harlem de la época, y de las innumerables implicaciones que esta cuestión medular tenía (y tiene) en la identidad afroamericana, y está escrita por un autor blanco que fue impulsor de la integración racial, conocedor, amigo y mecenas de la elite intelectual afroamericana de Nueva York. La novela, no obstante estos créditos del autor, fue recibida con muestras de reticencia y rechazo a pesar de su reconocido valor literario.
Maribel Cruzado es una investigadora tenaz y afinada traductora, que ha dedicado años a conocer y trasladar al español un fragmento de la cultura norteamericana muy poco conocido en estos pagos, a pesar de su importancia objetiva y de que algunos de sus representantes –Van Vechten, Langston Hughes- visitaron España y escribieron sobre el país, su cultura y la guerra civil. La edición española de El paraíso de los Negros es excepcional precisamente por el aparato crítico (introducción, apuntes sobre la traducción y notas) que acompaña al texto y del que es autora Cruzado. Para este lector resulta más interesante esta contextualización histórica y cultural de la novela que el desnudo relato de ficción. Resulta fascinante la navegación por los vericuetos de la época en la que la novela fue escrita y estimulantes las reverberaciones que produce en el ánimo del lector actual. Uno de los atractivos de la literatura, y no el menor, es la invitación que contiene a adentrarse en un territorio desconocido, y aquí Cruzado resulta una guía insuperable. Otras traducciones suyas de autores de este periodo son: Caña, de Jan Toomer, y Blues, de Langston Hughes.