Un tal Paco Salazar no es un Paco cualquiera. De cintura para arriba, es, o era, miembro del selecto consejo de sabios jedi que rodea al presidente del gobierno don Sánchez en el palacio de La Moncloa, y funge, o fungía, de asesor en materias abstrusas como estrategia electoral, posicionamiento de marcas y abrillantamiento de imagen, pero de cintura para abajo acercaba la bragueta a la cara de sus compañeras de oficina, les examinaba el escote y las envolvía en una fangosa zalamería sexual y misógina.
Quizá sea este un escenario del posthumanismo que pregonan los filósofos cuyos mensajes nos asaltan a través del móvil. En la nube reina un universo alfanumérico, atravesado de algoritmos y secretamente pilotado por entes angélicos como el mismo Paco mientras que la tierra que pisamos es un jardín sombrío donde el sátiro Paco persigue a las ninfas porque es su naturaleza, como nos enseñaron los griegos arcaicos. Pero dejémonos de divagaciones y vamos a lo policíaco, el único género que nos explica algo del sindiós en el que vivimos.
Paco es de carne y hueso y fue denunciado por algunas de sus compañeras por comportamiento inapropiado. A este fin, el pesoe tiene un protocolo interno, cibernético, que, a la manera de la confesión en la iglesia católica, protege el anonimato e investiga parsimoniosamente los hechos denunciados. Protocolo es la palabra mágica, convertida en una jaculatoria, que enmascara la disfuncionalidad de los procedimientos a la vez que absuelve de responsabilidad a los ejecutores. Si algo falla es porque el protocolo ha fallado. Es lo que ha ocurrido en este caso: las denunciantes recibieron acuse de recibo de su denuncia y una contraseña y usuario (más abracadabras) para acceder al expediente de su denuncia y mantenerse informadas del procedimiento. Efectividad, discreción y justicia en el marco cerrado de la corporación. Pero tras este alambicado ritual tan típicamente posthumano, tuvo lugar un cabildeo meramente humano.
El partido obligó a Paco a renunciar a su militancia y al puesto en el consejo Jedi de don Sánchez y le compensó con una búsqueda de otros destinos más alejados a través de la internacional socialista. Cuando, pasado el tiempo establecido en el protocolo y ante la falta de respuestas, las denunciantes accedieron (usuario y contraseña) al expediente se encontraron con que había decaído por desaparición de las denuncias. La similitud de este comportamiento con lo que hubiera hecho cualquier obispo católico en una situación parecida es asombrosa. Se neutraliza la denuncia mediante la desaparición física del denunciado y si el denunciante quiere seguir en el empeño tendrá que hacerlo a su costa por vía judicial con el consiguiente suplicio mediático, la incertidumbre del resultado y la dolorosa renuncia a su carrera en la empresa y la casi segura enemistad de quienes hasta ese momento han sido sus compañeros de partido. Es el dilema del monaguillo que quiere seguir yendo a misa pero debe aceptar a su abusador que le sonríe al pie del altar.
Uno de los efectos del Me Too hispano y del solo el sí es sí ha sido la floración de sátiros (presuntos) en la dirigencia de los partidos de izquierda, como si la prédica de la igualdad fuera un obsequio que ellos hacen a ellas. El híper liderazgo, tan de moda, hace que los partidos parezcan una versión ampulosa de la familia Manson: un macho alfa, algunos cuñados bailándole el agua y un coro de chicas revoloteando alrededor. Esta estructura heteropatriarcal es incompatible con la igualdad y la tentación de reproducirla en la organización y en el funcionamiento es inercial e irresistible.
La publicidad de la noticia ha obligado al pesoe a retomar el tema, como suele decirse. El sistema estaba ofuscado, fue la explicación, y canceló un expediente que ahora se reabre. La salida del escenario del sátiro (presunto) no cierra el caso de especial dificultad porque las denuncias son anónimas, en palabras de la portavoz socialista. ¿Y cómo se reabrirá? Pues se hará un informe y se entregará a las partes y a la secretaria de organización del partido, la misma que había anunciado la caducidad del expediente por incomparecencia del sátiro (presunto). Por lo demás el asunto está zanjado. Demasiado tarde. El daño personal a las víctimas y a la confianza en el sistema ya está hecho y es irreparable. Paco ya forma parte del arsenal de argumentos contra el sanchismo.
Gracias Manolo, ya de vuelta tras varios días de silencio. Paco y sus secuaces francamente vomitivo. Qué asco!!! Y parece que esto no tiene fin.