Los adelantos combinados de la paleontología y la representación digital permiten al común asistir a la vida de los dinosaurios, sus apetitos y luchas. Estos productos audiovisuales no dejan de ser una representación conjetural de lo que pudo ser la existencia de estos seres sobre la tierra pero a los científicos les sirve para afinar sus teorías y al buen pueblo le proporcionan entretenimiento.
Es inevitable pensar en una lucha de dinosaurios cuando te asaltan las noticias de la opa (oferta pública de compra de acciones) del bbva y el sabadell y ver a las entidades financieras en liza como un tiranosaurus rex que intenta cazar a un nanosaurus agilis. Por supuesto, como espectáculo es infinitamente más aburrido que lo que debió ser su precedente hace millones de años pero ha adoptado unas características que lo hacen insólito en este tipo de depredaciones dinerarias. Que se recuerde, ninguna opa de este tipo ha durado tanto tiempo y se ha desarrollado de manera tan exhibicionista, como si las dos partes necesitaran para ganar no solo la voluntad de sus inversores sino el apoyo del público. Normalmente, si es que hay algo de normal en estos asuntos, la opas se parecen más al momento fulminante en que el dinosaurio colosal y carnívoro sale sorpresivamente de detrás de una secuoya gigante y se zampa de un bocado al distraído dinosaurio enano y herbívoro. Así ocurrió, por ejemplo, cuando los ahorradores de esta remota provincia subpirenaica se quedaron sin caja de ahorros, engullida por el que hoy es el primer banco del país. Visto y no visto.
El resultado de esta lucha por la vida o por el mercado, que viene a ser lo mismo, es que cualquier niño reconoce a un tiranosaurus rex pero nadie sabe quién era el nanosaurus agilis. Es la ley del más fuerte, que en el mundo financiero se manifiesta de manera discreta, silenciosa e inapelable. En este caso ha ocurrido lo contrario. Al principio tuvimos la impresión de era asunto que concernía a todos y el gobierno tomó partido por el pequeño dinosaurio, hasta que los órganos reguladores de estos negocios le advirtieron que debía dejar el resultado al albur de los contendientes.
Aún no se ha despejado la incógnita, que todos sabemos cómo terminará. El pequeño está haciendo un esfuerzo titánico para no ser engullido, pero ya ha sufrido alguna herida irreparable si no letal. Un inversor mexicano con un cuatro por ciento del capital del dinosaurio pequeño ha aceptado la oferta del grande y ha roto la falange macedónica construida por su consejo de administración. Por supuesto no es suficiente. Ningún dinosaurio se conforma con una pata o una oreja de su presa; lo importante de este lance es que la presa queda coja o sorda, mientras el acoso continúa.
Bien, obviemos los episodios siguientes de este acontecimiento y vayamos al previsible final. El grande se comerá al chico y como consecuencia estaremos en un mundo con mayor concentración de capital y más desempleo. Un mundo nuevo y promisorio, sin duda, a la espera del meteorito final, ya venga del oscuro firmamento o del no menos oscuro Wall Street.
P.S. El nanosaurus agilis ha sobrevivido a esta embestida del tiranosaurus, no sin consecuencias. Las acciones de este han subido en bolsa y las del enano, que ha reducido su tamaño desde el inicio de la opa, han caído y los sabios le recuerdan que debe ganar musculatura porque la lucha no ha terminado.