La remota provincia subpirenaica quiere estar en el photocall del mundo y de vez en cuando, aquí y allá, deja aflorar su pizquita de corrupción, su pizquita de xenofobia, etcétera, para que se vea que estamos en la onda y no solo somos la patria de los encierros de vacas y del pimiento del piquillo. La remota provincia es una extremidad geográfica en la que la aparición de unos granitos inesperados en la piel es síntoma de un inquietante estado de salud de todo el organismo del país.
Esta vez ha sido el alcalde de la villa de Valtierra (ribereña del Ebro, 2.500 habitantes, antigua fortaleza del linaje musulmán de los Banu Qasi, productora de apreciados frutos de la huerta) el que ha decidido hacerse un mena y negar a las familias inmigrantes las ayudas municipales a la natalidad adobando su decisión administrativa con tópicos y muy floridas ocurrencias del tipo de llamar señoritos a los migrantes o decirse con franqueza de hombre de campo ajeno a las mañas de la corrección política, no entiendo eso de dar dinero a los de fuera y no a los de aquí.
Ya sea por la difusión de sus declaraciones o porque la dirigencia de su partido se lo ha pedido, o por ambas causas concurrentes, el alcalde de Valtierra se ha visto empujado a pedir disculpas a quien se haya sentido ofendido. Lo mejor de esta desenfadada fórmula exculpatoria es la coletilla. Primero defecan en la plaza pública y luego se disculpan por si algún vecino se queja del mal olor. Las disculpas mismas no son más que una reiteración de la ofensa. El alcalde piensa lo que ha dicho y también lo piensa su entorno político y con toda probabilidad los votantes que lo han puesto a la cabeza del consistorio, así que si alguien se ha sentido ofendido es un tiquismiquis. Pero más allá de la anécdota, vale la pena echar un vistazo al contexto y a las enseñanzas que ofrece.
El alcalde de Valtierra pertenece a upeene, un partido de derecha regionalista que ha gobernado la provincia durante un cuarto de siglo con holgura y moderación, beneficiado por la buena marcha de la economía y en lo político por la debilidad congénita del pesoe regional y la tortuosa deriva de la llamada izquierda abertzale, hoy bildu. Ahora upeene es un partido en declive y tal vez en fase de extinción. Desde 2015, la crisis económica y política ha alterado las reglas del juego y la cuestión regional o autonómica ha perdido peso en relación con la nueva dimensión de los desafíos que enfrenta la sociedad. Los incendios de este verano que han puesto en jaque a las administraciones regionales de cuatro comunidades autónomas y en último extremo han evidenciado su disfuncionalidad, son un buen ejemplo de esta premisa. Problemas globales, respuestas globales. La inmigración es uno de estos problemas, no el más importante pero sí el más susceptible de manipulación. El alcalde de Valtierra se ha lanzado por el tobogán y su prédica enlaza con la del jefe del neofascismo español que ha pedido el hundimiento del buque de socorro a migrantes que han naufragado en alta mar.
Quizás sin ser consciente de ello porque los políticos pueden ser atrozmente irresponsables sin reconocerlo, el alcalde de Valtierra se ha sumado a las filas de la barbarie y apuesta por el declive del paisito que dice defender. La remota provincia tiene condiciones para ver la inmigración como una oportunidad: registra un severo déficit demográfico, tiene autonomía financiera y una buena base industrial y productiva, un tejido institucional y de servicios solvente y terreno suficiente para alojar más población. Pero para que estas condiciones se hagan factibles y operativas se requiere 1) un cambio de percepción de la realidad y 2) un consenso político estable, que por ahora son inimaginables. Entretanto, el alcalde de Valtierra podrá seguir vociferando y pidiendo disculpas después a quien se haya sentido ofendido.