Si se preguntan qué es hoy Europa, una respuesta pertinente sería: un juego de abalorios. Se habla de la potencia económica de los países del continente, del bienestar de sus sociedades, del turbulento pasado compartido, de su pacifismo adquirido que no congénito, de la cultura común, etcétera, y sí, todas esas alegaciones son ciertas y están vigentes pero, apenas se quedan solos, los europeos tienden a comportarse como chiquillos en el patio de colegio, o mejor, como vejestorios en la sala común de un geriátrico. Si el magister les llama a capítulo se comportan como párvulos obedientes en el despacho oval pero, apenas vuelven a sus cosas, no pueden  evitar ir a lo suyo, intercambiar cromos y comparar el tamaño y brillo de sus canicas.

En estas distracciones, el presidente monsieur Macron  ha resuelto prestar el llamado tapiz de Bayeux al Museo Británico para solaz y consuelo de los habitantes de la isla.  La obra tiene mil años, fue tejido por bordadoras inglesas en lana sobre un lienzo de lino que a través de setenta metros de largo por cincuenta centímetros de alto narra la epopeya de Guillermo el Conquistador, descendiente de vikingos y duque de Normandía en Francia por conquista desde donde invadió, ocupó y se coronó rey de Inglaterra, primer monarca normando frente al pretendiente anglosajón al que derrotó en la batalla de Hastings. Así que el tapiz puede verse como una incursión pedagógica al laberinto de los belicosos orígenes de Europa o como el boceto de un cuento de Borges, en el que las palabras y las imágenes se nos muestran eternas y los hechos que evocan, accidentales, efímeros y olvidables.

Durante la mayor parte de los mil años desde que fue tejida, la pieza ha permanecido en un arcón en la catedral de Bayeux, si bien Napoleón la trasladó por un breve tiempo al museo del Louvre  a donde volvió también brevemente en 1944 para conmemorar el desembarco aliado en Normandía y la consiguiente liberación de Francia de la ocupación alemana. Desde 1983 se exhibe en el museo de Bayeux, está inscrito en el registro de la memoria mundial de la unesco y medio millón de turistas lo admiran cada año completando la expedición con una visita a los cementerios militares de las playas de Omaha y Utah. Este tour tiene un carácter muy consolador para los europeos porque los únicos estadounidenses que aparecen en el relato están muertos y enterrados bajo las lápidas funerarias y no estorban a Guillermo el Conquistador y sus andanzas. Otra cosa es la realidad pero el turismo es siempre una forma de ilusión.

El préstamo del tapiz, por un periodo de un año, forma parte de esa variante del juego de abalorios que se conoce como diplomacia cultural y tiene como fin reforzar las afinidades y complicidades de Reino Unido y Francia después de la malhadada gresca del bréxit  y los diferendos subsiguientes entre ambos países por asuntos de pesca e inmigración. Pero lo que la paz separó lo une la guerra. En el hipotético frente de Ucrania, Francia e Inglaterra son los paladines de la llamada coalición de voluntarios, dispuestos a darlo todo, como se dice en las competiciones deportivas y en los concursos de la tele, incluido en el todo el poder del armamento nuclear que ambos guardan en sus arsenales.

Los actos humanos son ambiguos y el vaivén de esta reliquia medieval no es una excepción. Un tapiz conmemorativo de la guerra para afianzar la paz podría ser una interpretación posible. Otra, el tapiz como envoltorio del abrazo coyuntural entre dos adversarios o competidores históricos como han sido Inglaterra y Francia. La certeza del pasado como mapa del incierto futuro. Pero a lo que más se parece este gesto es al de dos vejetes contemplando el álbum de fotos de la familia compartida y ya deshecha, irreconocible.

Cincuenta mil personas han firmado contra el traslado del tapiz porque temen por su integridad en el trajín del préstamo. Es la enésima versión del cuento moral del rembrandt y el gato asediados por el fuego. Mucha gente prefiere salvar el tapiz de Bayeux antes que el pellejo de Macron y Starmer. Eso también es típicamente europeo.