La mayoría de los europeos creen que Trump es malo para los norteamericanos y para el mundo en general, aún así, considera que tan pronto como deje el poder la relación entre Estados Unidos y Europa volverá a ser la de siempre. Este deseo, sin embargo, encierra una inseguridad. La mayoría de los europeos no confían en sí mismos. No creen que la UE sea capaz de hacerse cargo de su propia seguridad. (Xavier Mas de Xaxàs. La Vanguardia, 25.06.25)
Si no fuera ofensivo para nuestro inolvidable José Luis López Vázquez y para la memoria encandilada de miles de cinéfilos de Celtiberia, podríamos decir que el célebre recibimiento que el chupatintas Galindo (López Vázquez) hace a la intimidante estafadora Katia Durán (Katia Loritz) en Atraco a las tres (1962) es el que ha hecho el baboso y lacayuno don Mark Rutte, quien de esta guisa ha recibido al emperador de occidente en la cumbre de la otan en La Haya: Felicidades y gracias por tu acción decisiva en Irán, que fue verdaderamente extraordinaria, y algo que nadie más se atrevería a hacer. Nos hace más seguros a todos. Estás volando hacia otro gran éxito esta noche en La Haya. No fue fácil, pero hemos logrado que todos firmaran en el 5%. Europa lo pagará a lo grande.
El secretario es el tipo que, en las escenas de representación del poder, se sitúa en segundo plano con un cartapacio bajo el brazo, atento a las indicaciones de los que mandan y presto para aportar los papeles a la firma. Ejerce una función formal y para nada ejecutiva que a don Rutte le ha debido parecer poco para lo que le pedía el cuerpo y se ha investido de bufón que recibe al emperador armado con un sonajero y cascabeles en el traje. Este cargo de secretario general de la otan es muy desairado: normalmente se atribuye a tipos de confianza, o sea, dúctiles a las vilezas, en los que prima la necesidad de estar en el candelero a cualquier precio. Los bombardeos y demás desmanes propios de una organización militar los ordena el que tiene la sartén por el mango, en este caso el presidente de estadosunidos, pero la cara la pone un europeo con suficiente vanidad, que debe justificar la acción con algún argumento increíblemente estúpido. Recuérdese la lánguida sonrisa de don Javier Solana después de los bombardeos otánicos sobre Serbia en abril de 1999, que se hicieron por razones humanitarias aunque causaron un número indeterminado de varios millares de víctimas civiles en un país que no tenía ningún contencioso con los países atacantes. Además, fueron ilegales según el derecho internacional, como lo ha sido el de Irán ahora.
La otan, el instrumento creado para enfrentarse en el campo de batalla con el imperio soviético, jamás se ha visto en esa tesitura, de modo que ha distraído sus esfuerzos en frentes donde Washington tenía intereses, muy lejos del área del Atlántico Norte para el que fue creado, y en todos los casos ha dejado una zona o un país devastado, un problema político irresuelto y una memoria de odio y rechazo en las poblaciones atacadas. En este contexto histórico de equívocos continuos, la exigencia imperial de elevar el gasto militar de los países miembros al 5% de peibé puede entenderse como una amenaza, como un chantaje o como un farol del jugador que tiene la banca y reparte las cartas. En primer lugar, es la exigencia de un tipo resuelto a hacer caja durante el tiempo que presida el imperio occidental, y debe ser contemplada como las amenazas arancelarias.
En segundo término, es una apuesta por dividir y destruir la titubeante y frágil construcción europea, ya que la mayoría de los países, y no solo España, no pueden atender a esa dentellada al peibé sin poner en peligro su propia existencia, tal como la conocemos ahora. En tercer término, el enemigo de la otan es tan fantasmagórico como lo fue durante la guerra fría. Rusia no está en condiciones de atacar Europa, ni siquiera en su eslabón más débil en los Países Bálticos, aunque una retórica belicosa podría prender la mecha. La guerra de Ucrania está estancada en el mismo punto en que empezó hace tres años. Ni Trump quiere revertir este resultado ni Putin puede aspirar a ampliarlo. Por ahora, la situación militar está bajo control y la superioridad armamentística estadounidense es abrumadora e incontestable en el frente occidental, como lo prueba la reciente hazaña bélica en Irán, realizada con la colaboración de los países amigos, incluida España. Tal vez Washington tema un desequilibrio en el frente oriental, en el Indo-Pacífico, que es explícitamente su objetivo principal y donde deberá enviar todos sus recursos cuando toque. Llegado ese momento, los europeos tendrán dos alternativas, ambas muy prometedoras y quizá concurrentes: enviar fuerzas contra China y/o enfrentar una guerra con Rusia. Este es el contrato del 5%, firmado hoy en La Haya; también por don Sánchez, que en la rueda de prensa posterior se ha armado un lío intentando explicarlo. ¿Va a ser el 5% o el 2,1%?
Quienes, a pesar de Epicteto, no logramos desear que las cosas se produzcan tal como se producen, y, en cambio, pretendemos que ocurran como queremos, estamos en un ay, de capa caída y entristecidos. Sin admirar a Perrosanxe, sentimos que, para parar los pies a la brutal carcundia, no tenemos a mano a nadie fuera de él, pero vemos que, a derecha, izquierda y centro, todo se conjura para desacreditarlo. Lo tachan de trilero tanto doña Belarra (“enésimo ejercicio de trilerismo”) como don Girauta (“no hay trilero igual”). Y hoy nuestro bloguero tampoco nos consuela. ¿Deberemos abandonar toda esperanza?
Lo que digan ese par de cantamañanas –Girauta y Belarra- es ruido, ni siquiera canto de sirenas. Hay que seguir con Epicteto o en cualquier otra compañía que nos aísle de la batucada mediática.
Añadidle al «cantamañaneo» , los 40º que paladeamos estos días en la meseta y que dan cuenta de algo obvio: a más co2 en la atmósfera más calor. Ni esto que es una pura correlación, queda al margen del cacareo político. En el califato de Page es complicado hoy, ser un follower de Epicteto. Un fuerte abrazo y buen verano.