El ejército de Marine Le Pen es un documental del director Frédéric Biamonti, en la que se siguen las andanzas electorales de tres candidatos lepenistas en distintas circunscripciones durante las elecciones legislativas. Uno de los candidatos se declara gaullista; otra es una antigua profesora de instituto y militante de oenegé, semillero del pensamiento republicano e izquierdista en Francia, y todo lo que hacen y dicen -visitas a mercadillos, reparto de octavillas en la acera, besos y abrazos a los simpatizantes, comentarios circunstanciales, etcétera- está presidido por una suerte de sosería que desmiente la idea de que los candidatos representen a un peligroso monstruo. Llamativamente, su empeño no parece estar puesto en pregonar un programa sino en fundirse con el común, mimetizarse con el paisanaje. Solo en una ocasión, uno de los candidatos tiene un breve enfrentamiento verbal con un líder de la comunidad gitana, que quiere impedirle el acceso al colegio electoral.
Marine Le Pen ha hecho un trabajo muy concienzudo para desbastar el tronco del partido fascista fundado por su padre Jean Marie y ha apartado a este de la organización. Pero no siempre puede evitar que esté ahí y en la última secuencia del documental se le muestra discurseando a un puñado de seguidores que han reclamado su presencia. La secuencia empieza cuando del veterano fascista deposita una corona en el monumento local a los caídos en la guerra de Indochina y su discurso posterior versa sobre Dien Bien Phu, la derrota que significó la salida de Francia de lo que hoy es Vietnam, ocurrida mucho antes de que la mayoría de los asistentes al mitin hubiera nacido. No debería extrañarnos que las últimas palabras de Le Pen padre en el documental sean una cita de su amigo Putin: Francia va a ser colonizada por la gente de sus antiguas colonias.
Una vez más, el ejército de Le Pen se ha quedado a las puertas del Elíseo. Desde hace veinte años, la segunda vuelta en las presidenciales francesas está dominada por la ansiedad de que el candidato o candidata ultraderechista se haga con el mando de la república y, a fin de impedirlo, ha de concurrir a las urnas todo el cuerpo electoral sin distinción de colores y programas, en una suerte de frente amplio de grupos y partidos –Allons enfants y todo eso-, que no tienen nada más en común que la voluntad de cortar el paso a los bárbaros, que cada vez lo parecen menos. La república francesa, tal como la hemos conocido y entendido, está en estado de sitio y este domingo por ende la batalla electoral ha barrido del mapa a los referentes del régimen, a derecha e izquierda, los republicanos conservadores y los socialistas.
Monsieur Macron es un político que solo se representa a sí mismo y a la elitista clase a la que pertenece, un cogollito cuyo poder estimula el crecimiento de los populismos (más el de derecha que el de izquierda), y que, en la práctica, tiene que hacer concesiones a la extrema derecha en materia de inmigración o memoria histórica si no quiere que le estalle la olla sobre la que está sentado. Pero se trata de un equívoco. La historia es la caja de herramientas de moda para lo que se ha llamado guerra cultural y la elaboración de un relato, que muy bien puede resultar un cuento chino. No es probable que la memoria de Dien Bien Phu, sea cual sea la interpretación que se haga del acontecimiento, vaya a aliviar la abrumadora carga del desempleo, la desindustrialización, el crecimiento de la banliue, el malestar rural, el deterioro del sistema educativo, los recortes de servicios sociales y, en resumen, el imparable declive del estado del bienestar. Pero en esas estamos.
(Dien Bien Phu fue una aldea gala, para decirlo en la jerga de Asterix y Obelix, en medio de la península de Indochina, asediada primero y asaltada después por un ejército vietnamita (populistas, diríamos ahora) al mando del general Giap, el mismo estratega que veintiún años después, expulsó a los norteamericanos de Vietnam. Seguramente, monsieur Macron piensa en ello algunas veces.)
Nos queda como unica esperanza la «tercera vuelta» de la presidencial (las proximas legislativas). Si gana Macron con sus playmovils…..otros cinco anos de hastio.