‘Pepé’ y ‘pesoe’ son dos fincas contiguas cuyos propietarios discuten a veces por cuestiones de lindes y otras minucias de vecinos pero que ahora tienen el objetivo común de librarse de los okupas que les han arrebatado parte del terreno y les están saqueando la fruta. Populistas, indepes, regionalistas de todo pelaje, hala, a los márgenes del predio constitucional de donde nunca debieron salir.
Una guerra antigua
Es como si un aficionado a la historia antigua se encontrara en el patio de su casa a dos vecinos que pelean a garrotazos creyendo ser Aquiles y Héctor. Y ahí estaban, zurrándose de lo lindo don Sánchez y don Iglesias, en medio del parlamento convertido en el teatro de un festival de verano. Ambos ataviados con el raido atrezo del pasado pero intacto el odio que alimentó la relación de las dos corrientes de la izquierda desde los albores del movimiento obrero.
Nadie lo sabe
Si se celebrara uno de esos referendos al que nos hemos vuelto tan aficionados en el que se preguntase a la parroquia qué prefiere, un gobierno de tal o cual color o una economía que funcione, cuestiones que son indendientes una de la otra, adivinen por qué se inclinaría el buen pueblo. Hay pruebas empíricas de cuál sería la respuesta.
El jardín de las delicias
Cada uno de ellos odia al otro con una intensidad fraternal que no tiene parangón respecto a otras fuerzas del mapa político, hasta el punto de que el primero no ha dudado en exhibir su desdén por el segundo y a este le ha faltado tiempo para airear las miserias del primero. ¿Esperan que alguien olvide y les perdone el espectáculo? Lo cierto es que ni la utopía de fibra óptica de don Pedro ni el voluntarismo leninista de don Pablo tienen votos suficientes, ni juntos ni por separado, para formar un gobierno estable.
Telares sin lanzadera
Hoy también se cumplen cincuenta años de un acontecimiento menos influyente y sin duda menos mediático que la llegada del hombre a la Luna pero que determinó, sin que lo supiéramos entonces, el marco referencial en que habría de desenvolverse nuestra biografía posterior como ciudadanos del estado español.
Relatos
Cincuenta años después, el escepticismo es alentado y sostenido en esta parte del mundo por gentes a las que no se puede calificar sino de idiotas; minorías muy ruidosas y tenaces que tienen a su disposición toda la información posible y gozan del uso de tecnologías que no existirían sin la carrera espacial pero que encuentran guay provocar a la audiencia con su ignorancia.