¿No podrían argumentar como personas en vez de graznar como gaviotas o charranes? Fatiga tener que explicar estas evidencias a gente tan lista, digamos, como doña Cayetana. ¿Es que no aprendió algo sobre legalidad política y realidad social durante su fructuosa estancia en Oxford? la bajísima calidad general de la clase política hace que ciertos personajes de relumbrón parezcan desechos de tienta arrimados a su última oportunidad.
Una oferta que no podrá rechazar
Y ahí están don Sánchez y don Iglesias, dos seres mitológicos, envuelto cada uno en su propio relato, como se dice ahora, devorando la paciencia de sus votantes y practicando una tomadura de pelo que dejará efectos duraderos y una memoria imborrable.
Los elefantes abrevan en Ngorongoro
Hay algo majestuoso e intimidante en esta liturgia en que los elefantes se adueñan del espacio y literalmente anulan la presencia de cualquiera otra especie inferior en tamaño y fuerza. Este ritual sirve en primer término para la pervivencia de las bestias superiores, que en la naturaleza como en la civilización son tanto más ornamentales cuanto más grandes y costosas de mantener, y, por último, para ratificar el orden inmutable de las cosas.
El jarrón, ni tocarlo
La constitución es una mina de sorpresas, o un campo minado, si se prefiere. Artículos constitucionales que parecieron ornamentales en los buenos viejos tiempos han resultado componentes del muro de carga y una lluvia de cascotes empieza a caer sobre las cabezas de los inquilinos de nuestra democracia. La chapuza no es solución, como ya se ha visto.
A cuerpo de rey
Se acabó, pues, el problema de los dos cuerpos del rey, que traía de cabeza a los teólogos medievales, según el cual el monarca tenía un cuerpo físico, como el de cualquier mortal, y otro místico, que encarnaba al reino. Hoy la parte mística se ha evaporado y un rey en bañador en una playa caribeña solo puede representar a una agencia de viajes.
El badajo
El principio federalizante implícito en el estado de las autonomías no corrigió el supremacismo madrileño. Los constituyentes se negaron a imaginar un país en el que Madrid se viera despojado de su poder económico y cultural, además de administrativo, en igualdad con otras capitales y regiones.