Crónicas de agosto, 13
No estamos acostumbrados a estar en el foco mediático, ha dicho el recién elegido alcalde de la localidad de Huarte (Uharte, si se prefiere en vascuence), y no queda más remedio que compartir esta afirmación después del aturdimiento provocado por el horrísono graznido de las gaviotas del pepé, sus socios y altavoces mediáticos en la toma de posesión del nuevo regidor. En esta remota provincia subpireanica, que es tierra de interior, no estamos acostumbrados a gaviotas ni charranes. La presunta razón del alboroto es que, dicen las gaviotas, el pesoe ha cedido a bildu la alcaldía de Huarte como pago a la abstención de este partido en el parlamento regional, que permitió la presidencia a la socialista doña Chivite. Es muy probable que sea así y ciertamente el modo como se ha producido la elección parece una de esas maniobras de despacho que nuestros políticos aprenden en las series televisivas Borgen o House of cards. La única concejala socialista de la localidad ha sido nombrada para un cargo del gobierno regional y su sustituta ha renunciado a ocupar el escaño consistorial por lo que este estaba oportunamente vacío. En ausencia de la edil socialista, la correlación de fuerzas se ha desplazado hacia una mayoría que ha elegido alcalde al representante de bildu. Hasta aquí el relato de los hechos; veamos ahora el contexto.
Huarte es un municipio de siete mil habitantes inserto en la conurbación de la capital y, como muchas localidades de raíz rural en la provincia, la población se adscribe en las elecciones locales a dos corrientes principales, conservadora y progresista, dicho a grandes brochazos, ambas municipalistas y procedentes del mismo remoto humus carlista. De ordinario, y así ha ocurrido en este caso, los conservadores se identifican con una sigla que enuncia el nombre de la localidad y el adjetivo independiente, que quiere significar que no pertenecen a ningún partido, (4 concejales) y los progresistas van con la marca de bildu (5 concejales). Ambas formaciones vienen a representar al setenta por ciento de la población local. Los partidos de ámbito nacional tienen en este ecosistema una presencia marginal (pesoe, 1; navarrasuma, 2, gracias al partido regionalista upeene porque ni pepé ni ciudadanos aparecen en pantalla). El alcalde en la anterior legislatura es el mismo que ha sido ahora reelegido y fue desbancado apenas en junio pasado por una coalición de perdedores, (pepé dixit) al frente de la cual se puso a la única concejala socialista hoy ascendida a un cargo en el gobierno regional. De modo que la elección de don Alfredo Arruiz, así se llama el alcalde electo, ha sido impecablemente democrática, no solo en términos formales sino en relación con la voluntad de los vecinos expresada en la urnas. De hecho, el alcalde de Huarte ha sido elegido por la misma triquiñuela elusiva del pesoe que dio la alcaldía de Pamplona al candidato de la derecha suma. Ese día las gaviotas no sobrevolaron la ciudad.
Fatiga tener que explicar estas evidencias a gente tan lista, digamos, como doña Cayetana. ¿Es que no aprendió algo sobre legalidad política y realidad social durante su fructuosa estancia en Oxford? La pregunta enlaza con una disquisición habida esta tarde con el amigo Quirón por la que hemos concluido que la bajísima calidad general de la clase política hace que ciertos personajes de relumbrón parezcan desechos de tienta arrimados a su última oportunidad. ¿No podrían argumentar como personas en vez de graznar como gaviotas o charranes?