Cerrados y bloqueados

Posted by on Jun 10, 2016 in Miradas |

Por primera vez atisbamos el carácter amenazador de la fórmula electoral con la que hemos venido conviviendo durante cuarenta años y que tiene su origen en el último decreto-ley de las cortes de la dictadura, cuyo contenido se trasladó tal cual a la Constitución: las listas cerradas y bloqueadas, lo que quiere decir, partidos cerrados y bloqueados, y también propuestas, mensajes, argumentos, estrategias, finanzas, toda la impedimenta de la campaña política, cerrada y bloqueada. Los partidos españoles son en época de entretiempo una mezcla de organización leninista y familia mafiosa, enraizados en interminables redes clientelares, pero, en periodo electoral, se convierten en una falange macedónica. En tiempos de paz, los partidos sufren, aunque en muy pequeña medida, disfunciones, deserciones, escisiones y otros avatares propios de organizaciones extensas y complejas en roce constante con la realidad, pero ante la convocatoria de las urnas ningún hoplita puede salirse de la fila, ni el estratega puede improvisar sobre la marcha. La batalla se define con precisión milimétrica antes de que comience sobre un escenario preconcebido y luego todo se resuelve en un único encontronazo, después del cual toca contar las bajas, porque la victoria se la atribuyen todos los contendientes para sí cualquiera que sea el resultado. Esta disciplina militar la vimos ayer en el debate de la chicas que organizó un canal de televisión en el que las portavoces de los cuatro partidos mayores repetían mecánicamente el argumentario (término que designa una versión degradada y empobrecida de argumento) que lo mismo podrían haber defendido los chicos o un contestador automático. No lamento la inexistencia de un discurso femenino, por dios, lo cual es uno de los equívocos del debate aludido, lamento la falta de un discurso digno de ese nombre. Ahora que hasta las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, qué bonito y qué largo, se han dotado de portavoces que verbalizan con razonable competencia sus actuaciones, el lenguaje de los y las políticos y políticas empieza a parecerse espantosamente al de un atestado de la guardia civil del siglo pasado. La rigidez del lenguaje denota la rigidez general con que los partidos enfrentan una situación que todo el mundo admite que es muy compleja. Viene esto a cuento de cierto temor, convenientemente agitado con el loable propósito de movilizar a los votantes indecisos, defraudados y perezosos, sobre la posibilidad de que los resultados del próximo veintiséis  aboquen a unas terceras elecciones. Hay que asistir con escepticismo a esta eventualidad porque, si los partidos se empeñasen en el desacuerdo, se encontrarían en medio de una pinza de insoportable exigencia, entre la impaciencia de los poderes económicos y el hastío del pueblo llano. Así que, calma, habrá gobierno. Las guerras del...

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El engrudo

Posted by on Jun 9, 2016 in Miradas |

Llegará un día en que habremos de recurrir a glosarios especializados para entender el origen del término pegada de carteles, del mismo modo que recurrimos a un diccionario taurino, náutico, militar o agrícola, para descifrar el origen de términos que utilizamos en el lenguaje figurado corriente, ya desgajados de su sentido prístino. Por ahora, que yo sepa, pegar o pegada de carteles tiene un solo significado literal, aunque en la jerga de los partidos alude a un festejo especial: el descubrimiento de la propaganda mural en las primeras horas de la campaña electoral, a la que este acto da un carácter inaugural. La pegada de carteles fue un recurso necesario en una sociedad que quería ser democrática y era pretecnológica y esencialmente consiste en imágenes chillonas, mensajes obvios e insignificantes, papel vasto y abundante, y  engrudo en todas las paredes y muros, que, en la medida que son los rostros de la ciudad, parecía destinado a amordazar a la plaza pública. Mucha basura y poca significación. La democracia era una forma de agitación a plazo fijo sin que nadie supiera con exactitud qué significaba. La pegada de carteles era el aporreo del pecho del  gorila o la berrea del ciervo en un ecosistema en el que todos sabíamos lo que había que saber: quién era el macho alfa, quién su rebaño, quién el enemigo y qué estaba en juego, así que los carteles no servían para abrir mentes o ilustrar conductas sino para lo contrario. El progreso empieza por reducir esta acción cruda, masiva, invasiva, a una mera evocación, del mismo modo que la misa es una evocación del canibalismo. La pegada de carteles ha quedado reducida en gran medida a un solo cartel sobre una superficie practicable ante decenas de cámaras de televisión que difunden urbi et orbi el advenimiento de la fiesta de la democracia, término cursi e interesado donde los haya. Este adelgazamiento de la materia grasa del acto y su traslado a un plano referencial es el principio de que el término que lo designa se convierta en un término figurado. Lo que no sabemos es a qué acción o circunstancia podría aplicarse. Sin duda a una acción reiterativa y molesta como las que designan las expresiones dar la chapa o dar la brasa, con el agravante de que el engrudo le daría propiamente una connotación pegajosa, tenaz, aflictiva. Imagínense los efectos que ha tenido la fiesta inaugurada con una inocua pegada de carteles de Rajoy et alii hace cuatro años. Deja de pegarme carteles en la chepa podría ser una alocución que viniera a significar: deja de querer engañarme, deja de creerte más listo que yo, deja de hacer tu carrera sobre mis riñones,...

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Mímesis

Posted by on Jun 9, 2016 in Miradas |

Está en la parada del autobús de transporte urbano número tres, a veinte pasos de la biblioteca pública del barrio multiétnico donde acaba de devolver el único ejemplar disponible en la provincia de Mimesis de Eric Auerbach después de haberlo leído con más admiración que interés y el inclemente sol del primer día estival del año le araña la cabeza pelada,  por la acera de enfrente pasea una pareja de subsaharianos en la treintena, altos, atléticos, de una belleza arrogante, ella tiene un trasero respingón “como solo se ven entre las africanas”, la ocurrencia fue de Alberto Moravia, leída en una entrevista remota en la que glosaba con orgullo senil la belleza de su última esposa, Carmen Llera, una paisana vecina de aquí de edad pareja a la del tipo que espera al autobús y sueña con ella, y que también tuvo un romance con el señor de la guerra druso Walid Jumblatt, calvo, triponcillo y poeta, al que la paisana hizo protagonista de un blanda novela que leyeron con pasión digna de mejor causa en el círculo de aldeanos ilustrados, así llamados por el novelista local que se las tuvo en uno de sus legendarios ajustes de cuentas con el hermano de la paisana o cuñado de Moravia si se prefiere del que era vecino en la coqueta urbanización de chalés por causa de un perro ladrador que le impedía concentrarse en la página en blanco a resultas de lo cual dicen que el novelista quedó malherido. Durante un tiempo infinitesimal que sin embargo parece eterno porque ocupa la totalidad de la experiencia sensible, una deseable paisana con pujos amatorios y literarios, un anciano escritor italiano de cejas hirsutas antaño famoso y hoy casi olvidado, un caudillo libanés de una confusa guerra pasada, un perro que ladraba sin descanso y un cronista provincial solo recordado por sus enemigos, flotan bajo las radiaciones del sol poniente en busca de sentido a la inesperada convocatoria del culo respingón de una joven subsahariana que ya ha desaparecido de la vista. El soñador involuntario intenta sin convicción urdir un relato con esos fantasmas porque, cree, sería también un relato de su vida, o mejor, arrancado de su vida. Materiales de la memoria que son también materiales del lenguaje, atravesados de irrealidad, equívocos, frágiles, por último banales. ¿Quién demonios es ese tipo habitado por semejante puré mental en la parada del número tres? El autobús llega a su rescate y él también, fantasma transitorio, desaparece de...

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El tótem de la tribu

Posted by on Jun 7, 2016 in Miradas |

El laicismo es una vocación individual, trabajosa de cultivar y más de mantener a través de los repetidos hitos de la existencia que han de compartirse con la familia, el vecindario e incluso la nación. Cualquiera puede ser laico un martes cualquiera pero no hay manera de nacer, pasar de la infancia a la adolescencia, casarse o morir sin que la condición de laico sea un problema. Ser laico es lo contrario de ser católico, para no lo que no se necesita ni ser creyente. Lo que distingue ambas condiciones es que la primera es privada y la segunda, pública, así que los más compaginan ambas con relativa desenvoltura. Laicos en casa, católicos en la calle. La iglesia católica es un hecho atmosférico porque tiene el monopolio absoluto de los rituales de socialización. De manera inexorable, y no siempre involuntaria, las autoridades civiles se someten a los designios eclesiales cuando el vecindario, el pueblo o a la nación se manifiestan como tales en celebraciones públicas que son inimaginables sin la presidencia del tótem de la tribu: una virgen o un santo del prolijo retablo disponible. En estas circunstancias, las autoridades laicas no pueden sacar a la calle su laicismo, porque no tienen tótem alternativo, y, como conocen bien su debilidad, ni siquiera lo intentan. Y pobres de ellos si dan pábulo al mínimo equívoco en este punto. Así ha ocurrido en mi pueblo, donde, como todo el mundo sabe, se acercan las fiestas universalmente famosas del tótem local, uno de cuyos actos, plenamente religioso pero que está en el programa oficial, es una ofrenda infantil de flores a la imagen del santo, un obispillo moreno, chiquito, dizque francés y de improbable existencia histórica. Los concejales encargados se pusieron en contacto con el representante de la parroquia que guarda el tótem y, al parecer, llegaron al acuerdo de realizar el acto en el interior del templo y no en la calle por una razón típicamente clerical, según he leído; a saber, porque así los niños podían ofrendar a la verdadera talla del santo y no a la una réplica moderna que se utiliza para pasearlo por la calle. Comoquiera que fuese, este argumento expuesto por el representante parroquial (que más tarde fue trasladado de la parroquia por otros asuntos que no vienen al caso) no era compartido por el arzobispado, y de inmediato el diario decano de la provincia aventuró que la corporación municipal intentaba encerrar en el templo la tradicional ofrenda infantil, léase, el laicismo quiere tomar la calle y reprimir la expresión pública de los sentimientos religiosos. La noticia fue puntualmente replicada por los medios de la cuerda de ámbito nacional. La corporación municipal de mi pueblo no...

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Diagnóstico

Posted by on Jun 6, 2016 in Miradas |

El diario de referencia ha reunido en su suplemento dominical a un ramillete de cuatro intelectuales para diagnosticar  qué le ocurre al país. Como los males de la patria más parecen una epidemia que una enfermedad rara, el ejercicio periodístico es más retórico que otra cosa y el diagnóstico puede resumirse en pocas líneas. En los años noventa, el gobierno de pepé abrió en canal el país para dar entrada al dinero fácil y resituar su aparato productivo en la nueva distribución internacional del trabajo y del capital derivada de la implantación de la moneda única. Según este designio, España sería hacia el exterior un espacio desindustrializado, destinado al consumo de bienes de importación y a la oferta de servicios de ocio, es decir, turismo, y hacia el interior, un gigantesco solar para cubrir de ladrillo y cemento con dinero abundante y barato. Unos cuantos hicieron buenos negocios, otros además corrompieron las instituciones y el pueblo (ex) soberano se endeudó hasta las cejas obnubilado por la falsa expectativa, ideológicamente inducida, del final de los ciclos económicos y de la expansión sin límites. Todo el sistema económico se convirtió en una estafa piramidal con el impulso del gobierno y de sus taifas regionales, cuyos miembros y redes clientelares, que ahora desfilan por los juzgados, fueron los más obvios e inmediatos beneficiarios del tinglado. Los socialistas, a su turno, no quisieron o no pudieron parar la ruleta hasta que el invento les explotó en la cara. A continuación, de nuevo la derecha en el gobierno, la política se dirigió a cargar sobre las capas  bajas de la sociedad los recortes exigidos para pagar las deudas contraídas y rescatar a los bancos despilfarradores. Salarios más bajos, empleos más precarios, menos servicios sociales, recortes en la educación y sanidad públicas, una fiscalidad beligerantemente asimétrica, y demolición de la hucha de la seguridad social para sujetar con alfileres las pensiones y el voto cautivo de sus beneficiarios, mientras los acreedores internacionales, exentos de la censura de las urnas, no cesan de apretar las tuercas sobre el país y su gobierno dispuestos a cobrarse hasta el último gramo de la libra de carne debida. El estropicio ha sido tan grande que el castigo no solo ha afectado a las clases más bajas, las que generalmente carecen de voz y solo pueden aspirar a manifestarse sino mediante formas radicales, fácilmente manipulables y controlables, sino que ha alcanzado a innumerables pequeños y medianos negocios y empleos estables y razonablemente retribuidos, y a una significativa parte de las clases medias emergentes, que han visto sus expectativas cercenadas y los valores de trabajo, mérito y competencia en los que habían cifrado su ascenso social, burlados por una nube de...

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