Cada vez admiro más la inteligencia táctica y la resolución de don Sánchez, esa capacidad para hacerse enemigos a los que puede vencer en la cancha de la opinión púbica y mediante maniobras tan inesperadas como oportunas, encapsular a sus partidarios en un redil ineludible mientras dispersa y agota a sus adversarios. Lo suyo es una evolución a un nivel superior del manoseado tópico español de que resistir es vencer, que él mismo ha hecho suyo, pero no para quedarse encastillado en un recinto estático sino para cambiar a su favor la disposición de fuerzas en el campo de batalla.

¿En qué momento podía imaginar las podemitas que iban a protagonizar la legalización de medio millón de inmigrantes como si la medida fuera resultado de su fuerza política? Sin embargo, como se vio de inmediato, el quiebro formaba parte de una jugada en la que unidaspodemos debía aflojar el dogal sobre la petición de junts de que Cataluña ostente las competencias sobre inmigración y ganar así a don Puigdemont para la aprobación de los presupuestos, el santo grial de esta etapa política.

En este enmarañado escenario, hemos asistido a una jugada en dos pasos: el decreto ómnibus de medidas sociales que comprendía el incremento de las pensiones y el llamado escudo social, que básicamente se resume en la protección de los inquilinos que no pueden pagar la renta de su vivienda por causas personales sobre las que no tienen ningún control. Cualquiera entiende que ambas medidas son no solo distintas sino incompatibles. Las pensiones de los jubilados son dinero público y un talismán sin el que ningún partido puede ganar las elecciones pero las rentas de alquiler conciernen a dos intereses contrapuestos, el de los inquilinos y el de los caseros y aquí descendemos a la lucha clases donde los partidos defienden a uno o a otro bando. Al ponerlas juntas a votación, don Sánchez había previsto lo que ha ocurrido y al conceder luego que se votaran por separado ha establecido el hipotético listón que separa el progresismo de la reacción. La política de estos días es binaria, resolutiva y ostentosa, con mucho zasca y ninguna deliberación; otra cosa es que estos movimientos de esgrima consigan atravesar la inopia y el difuso malhumor en los que está sumergida la opinión pública.

No importa, siempre se puede subir la apuesta. La última, el anuncio del veto en las redes sociales para menores de dieciséis años. Don Sánchez lo hizo en Dubai y en inglés: urbi et orbi. Es un anuncio prometeico, que se ha ganado la enemiga de los prebostes tecnológicos que apoyan a la internacional reaccionaria. La causa no puede ser más justa y sus adversarios no pueden ser más detestables, así que debería funcionar. Lo que llamamos estado del bienestar es la mayor conquista de las sociedades occidentales, tanto más valiosa porque se ha conseguido mediante instituciones democráticas, y la internacional reaccionaria, que concentra sus intereses en la multinacionales tecnológicas, quieren acabar con el estado, con el bienestar y de paso con la democracia.

Pero no es seguro, ni mucho menos, que la sociedad española y por extensión las demás sociedades europeas sean conscientes de lo que se juega; en gran parte, justamente, por la influencia de la mensajería que transportan las redes sociales en manos de una oligarquía planetaria interesada en la destrucción de las sociedades de las que extrae su negocio principal porque su nivel de vida permite que hagan uso de todos los servicios que estas redes prestan y la trama clientelar sea más tupida que en cualquier otra parte del planeta.   

El ejercicio de la política exige no olvidar nunca que el objetivo es el poder, sea para ganarlo o para mantenerlo, y adaptar la brumosa ideología a las cambiantes circunstancias provocadas por agentes ajenos o imprevistos, para lo que se necesita rapidez de reflejos y resolución en las acciones (o en sus anuncios). Don Sánchez está sobrado de estas cualidades y su política de oportunidades ha condenado al raquitismo a socios y oponentes. A los primeros porque ha puesto en evidencia sus limitaciones, ya sean territoriales (nacionalistas) o estratégicas (populistas de izquierda: podemitas y sumarios). En cuanto a sus oponentes, se ha limitado a aprovechar la consunción de la derecha (pepé) en las fauces de la extrema derecha (voxianos), un fenómeno común en toda Europa.

Este modus operandi provoca en unos y otros irritación, resentimiento y no en último extremo, agresividad. No sabemos qué parte de estas emociones negativas impregna a la sociedad y cómo pesará en su decisión electoral. Lo que sí puede decirse es que don Sánchez carece de un partido lo bastante robusto y extendido en la sociedad y el territorio para servir de soporte e impulso a sus iniciativas. Ojo, pues, con el famoso tópico, otro más, de la cólera del español sentado. Una alternativa a don Sánchez con los actores que ahora mismo ocupan la escena, don Feijóo al frente, sería un desastre, pero hay ocasiones en las que el buen pueblo se siente atraído por los desastres en la confianza de que no le afectarán.