A puerta cerrada, los deudos han cumplido con lo que se esperaba de ellos y, uno tras otro, han cantado el panegírico del dimisionario, enfrascados en sus propios cálculos sobre qué les quedará de la herencia.
Una cuestión de honor
La librería exhibe en su escaparate el libro que una juez ha secuestrado con estrepitosa publicidad. Es como encontrarse con el cuerpo del delito del que todo el mundo habla.