Puestos a reescribir la historia y volver a los orígenes, don Santiago y Cierra España Abascal y sus mesnaderos piensan que un buen punto de partida es la Edad Media, un tiempo que, según los románticos, no fue tan sombrío como lo pintan ilustrados y wokes. Los pórticos de las catedrales eran en technicolor y las cabezas de los réprobos que se exhibían empaladas en los cruces de caminos y en las plazas de mercado eran el precedente de los linchamientos en las redes sociales. Entonces, como ahora, se utilizaba la ordalía para determinar la culpabilidad del acusado. Fue un tiempo apasionado, contundente y pródigo en haters. Si deslizamos la mirada por las bancadas de los voxianos en los parlamentos de la nación, tan parecidos a menudo a las cortes corporativas medievales, vemos un friso de varones de barba repulida y mirada visionaria, monjes encendidos escupiendo dicterios y damas muy peripuestas que arrancarían los hígados de quien displace a sus deseos.

Don Abascal ha rechazado con ira el contrato propuesto por su inevitable socio para la gobernación de los reinos de Extremadura, Aragón y los que vengan después a medida que avanza la Reconquista. Nos tratan como a salvajes a los que quieren domesticar, ha proclamado el Cid Campeador con retórica de pedernal. El taimado don Feijóo -¿será judío?- ha llevado a la mesa un contrato de gobernanza en diez puntos al que le ha puesto el osado nombre de decálogo, como si fueran las tablas de Moisés, olvidando que los que se sientan enfrente representan las raíces de la civilización –la cruz y la espada- que ha de rescatarse de manos de las usuarias del burka, que no por casualidad van enmascaradas. Feministas inversas pero feministas al fin.

No, don Abascal quiere para el acuerdo el modelo Mazón, que consiste en que el pepé adopte la ideología voxiana y además se lo agradezca públicamente en plan jura de santa gadea. Nada de negociaciones ni tiquismiquis de aquí te pongo y aquí te quito; la mano sobre las sagradas escrituras y la cara al sol donde reina dios omnipotente y a jurar lo que dicta el que empuña la espada. Es verdad que el modelo Mazón de gobernanza se asienta sobre un desastre que se cobró la vida de doscientas treinta personas, pero ¿quién espera que se haga una reconquista sin aldeas arrasadas y bosques carbonizados?

En el pepé han recibido con perplejidad la brava respuesta de los guerreros medievales. La civilización, en la creencia común, es el paso de la maza de hierro al papel de barba y en la calle Génova no comprenden, o lo fingen, que su inevitable socio tiene otra civilización alternativa en mente, Toca, pues, explorar la fórmula santa gadea y hallar en qué grado de sumisión vería la contraparte satisfechas sus apetencias. Va a ser difícil encontrarlo porque don Abascal sabe que todo el mundo recuerda al Cid Campeador pero nadie quién fue Alfonso VI y lo cierto es que, a cada paso, don Feijóo es más pequeño y olvidable. ¿Hasta cuándo?

No todo fueron albricias en la Edad Media. La falta de instituciones civiles sólidas, la omnipresencia de principios absolutos interpretados al gusto de parte y el recurso a la garrota y al puñal hicieron la convivencia frágil y la existencia azarosa. Los voxianos también están amenazados por el morbus gothorum, término que definía el modo de elección del rey en las cortes visigodas donde el elevado al pavés lo era por eliminación física de sus contrincantes. Algo de eso se está viendo en la airada pugna entre el don Abascal y don Ortega Smith, que parece destinada a dirimirse en singular duelo a motosierra. El primero ha hecho manifestación de su soberanía para expulsar al segundo, quien, a modo de argumento de razón, ha exhibido el carné del partido que revela su temprana afiliación, como si fuera un título nobiliario que le pone a salvo de las arbitrariedades del rey.

Y así volvemos a Santa Gadea donde el rey Alfonso VI de León (1072) fue obligado a jurar que no había participado en el asesinato de su hermano, el rey Sancho II de Castilla. Esta leyenda, pues no hay ninguna prueba documental de que este acto se celebrara en algún momento, se acuñó doscientos años después, cuando Castilla y León eran un reino unificado y el rey Fernando III, hijo de leonés y castellana, hizo las paces con la memoria de sus ancestros. ¿Veremos algo parecido cuando la coalición reaccionaria pepé-vox y de las jons sea un partido único y su jefe se vea obligado a ordenar la genealogía dinástica?

(La imagen que encabeza este comentario está tomado de Wikipedia y es un lienzo que representa La Jura de Santa Gadea, debido al artista Marcos Hiráldez Acosta (1864).