Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia. (Byung Chul Han).

La vejez natural es debilidad, pero la vejez espiritual es su madurez perfecta. (G.W.F. Hegel).

La felicidad no depende del dinero ni de las cosas materiales, depende de tener buenas relaciones. (Massimo Pigliucci).

No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va. (Séneca) .

Los consumidores no tienen esperanzas, solo necesidades (Byung Chul Han).

No como jamás una pizza, no hago esos excesos. (Marta Sánchez).

Tu felicidad depende de tres cosas, todas las cuales están en tu poder: voluntad, ideas y el uso que haces de ellas. (Epícteto).

No temas ir despacio, teme quedarte quieto. (Proverbio chino).

No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede. (Epícteto).

Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza. (Marco Aurelio).

La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos. (Marco Aurelio).

El mayor obstáculo para la vida es la expectativa que depende del mañana y desperdicia el hoy. (Séneca).

La obligación de ser feliz genera una presión devastadora. (Byung Chul Han).

Al optimista todo le sale mejor. (Elsa Punset, filósofa del bienestar).

No es que tenemos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos mucho. (Séneca).

Las citas que anteceden constituyen una cosecha de sabiduría suministrada en dos o tres días por el ayudante existencial que llevamos en el bolsillo. Dos funciones virtuosas tiene el móvil, que como usuario aprecio mucho porque hacen que me sienta como un patricio romano: la provisión inagotable de sabiduría y la lluvia de confeti virtual que inunda la pantalla cada vez que en mi paseo supero los seis mil pasos. La primera apepé te hace sentir que estás en el centro de la biblioteca universal y la segunda, que pasas bajo el arco de triunfo que celebra la victoria no sobre los bárbaros sino sobre tus propios huesos descangallados. Soy un peripatético por inducción.

El móvil nos evita tener conciencia porque ya tiene él algoritmos que la sustituyen con ventaja y conocen mejor que nosotros mismos nuestras necesidades y flaquezas. Si observamos el ramillete de proveedores de sabiduría que ofrece para nuestro consuelo, vemos que predominan los estoicos: Marco Aurelio, Epícteto, Séneca y Byung Chul-Han, el filósofo de moda que aparece hasta en la sopa. El estoicismo es lo más parecido a una terapia de autoayuda, lo que explica que en el grupo de predicadores se haya colado una becaria, Elsa Punset, autotitulada filósofa del bienestar.

El algoritmo sabe que sus servicios están dirigidos a individuos aislados, narcisistas y atribulados por un difuso pero tenaz sentimiento de fracaso, así que excluye de la cartera de proveedores a los filósofos sistémicos, vitalistas y racionalistas y los sustituye por moralistas que te hablan al oído. La aparición de Hegel en esta nómina es accidental porque lo que se recuerda de él no es su filosofía de la historia sino una consoladora conseja sobre la edad (el algoritmo ya sabe que el usuario del móvil es un viejo).

Las escuelas filosóficas helenísticas y post-aristotélicas (aprox. 323 a.C. – 31 a.C.) se centran en la búsqueda de la felicidad (eudaimonia) ante la inseguridad del mundo tras Alejandro Magno, desplazando la política de la polis clásica hacia una búsqueda individual de la serenidad, con escuelas clave como el estoicismo (razón y virtud), el epicureismo (placer moderado), el cinismo (vida natural y autosuficiencia) y el escepticismo (suspensión del juicio), todas enfocadas en cómo vivir bien y alcanzar la ataraxia (tranquilidad del alma).

El párrafo anterior está dictado por la IA, que también filosofa, y, vista la oferta, se entiende que la escuela preferida en este tiempo sea la estoica porque, si bien la profesión de todas estas filosofías exige cierto caudal en la cuenta corriente y una casa con jardín, lo que está al alcance de muy pocos, el estoicismo es útil para la clase media aspiracional, que somos la mayoría, una vez que se ha abolido el proletariado y nunca llegaremos a celebrar las uvas de año nuevo con doña Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O’Shea. El epicureísmo está vetado al precio que van los langostinos y la vivienda; el cinismo es una redundancia a la vista de la clase política que nos gobierna, y el escepticismo no nos librará de que nos caiga encima un misil Tomahawk cuando toque, que tocará. Así que el estoicismo y un paseo de seis mil pasos al día con premio de confeti virtual están bien para mantenerte en forma.