Hay jueces haciendo política. Vaya. Es el titular más redundante de la entrevista televisiva con la que don Sánchez abrió ayer el curso político y el que ha servido de pasto esta mañana a las repetitivas tertulias televisivas. La frase es la formulación de una evidencia y también un tópico, quizá el que mejor se ajusta al clima bélico de la política española en medio del mar de banalidades consabidas que fue la entrevista. Doña Pepa Bueno, en su solemne regreso a la tele pública, perdió la ocasión de hacer un trabajo memorable, o siquiera interesante, y don Sánchez se limitó a añadir a su proverbial laconismo un cierto tono de apremio, que tenía un alto componente de autodefensa. En términos taurinos, la entrevistadora no logró fijar al entrevistado, que no paraba de trotar en busca de la querencia. El otoño empieza como terminó la primavera y ni don Feijóo ni don Sánchez están dispuestos a cambiar el diapasón, pero hoy hablamos del segundo. 

Don Sánchez es un carácter agónico.  En el sentido más común de quien lucha contra la muerte (política) pero también en el sentido deportivo del étimo original griego como perteneciente al certamen. Don Sánchez es un concursante de reality de supervivencia, que tiene en vilo a sus seguidores y completamente desbocados a sus adversarios. Y en un reality se espera mucha acción y pocos discursos. Hechos, no palabras. Res non verba. Aplicada la regla a una entrevista periodística, el resultado es una parla ratonera y deprimente.

El presidente del gobierno se siente cómodo en la estrategia de el correcaminos y el coyote, en la que el correcaminos sale vivito y coleando de cada emboscada que le tiende la oposición, que no es un coyote sino muchos (políticos, periodistas, jueces, concejales, influencers, veraneantes de playa, hinchas de fútbol y espontáneos de toda laya) dirigidos por un perro perdiguero y un pit bull. Don Sánchez cuenta con la inepcia de don Feijóo y el brutalismo de don Abascal para mantener la ventaja. Eso y su propia incapacidad para verse a sí mismo derrotado. La cuestión es cuánto resistirá este esquema lineal de cómic en un tiempo crecientemente sombrío.

Entre las varias preguntas que el presidente ignoró y dejó sin argumentación convincente en la entrevista puede espigarse como ejemplo la cuestión de la quita de deuda a las autonomías. Esta quita habrá de pagarla el estado, lo que quiere decir todos los bolsillos, pero ofrece  a las administraciones regionales un alivio financiero para aumentar el gasto social. Parece una buena idea desde esta perspectiva pero las comunidades gobernadas por el pepé (las mismas que se han mostrado incompetentes para combatir los incendios por falta de recursos) han sacado pecho y se han conjurado para rechazarla con el único propósito de que Sánchez no se salga con la suya y de añadidura, a los catalanes ni agua. Es difícil discernir qué hay de teatro y de realidad en estos pulsos políticos pero sí se puede decir que don Sánchez y su gobierno se enfrentan a la hidra de Lerna y quizá necesitarían algo más de ayuda que el miedo de sus votantes a la coalición reaccionaria. Para eso haría falta un discurso más robusto, más frecuente y más convincente, y la entrevista televisiva no respondió a estas expectativas.