Esta mañana el viejo se ha despertado con un nombre repicando en la cabeza, reminiscencia probablemente del último sueño de madrugada. Gualterio Sin Haber. Un nombre extravagante guardado por la memoria desde las clases de Historia del padre Ajona sch.p. en 4º del antiquísimo bachillerato elemental, hace sesenta y tres años. Lo primero que ha hecho el viejo al saltar de la cama y poner los pies en el suelo ha sido guglear el nombre para cerciorarse del mensaje. El viejo sueña con la ocasión en que alguna partícula del destartalado saber que yace en su cabeza no aparezca en internet porque eso significaría que tiene un mundo propio y que su vida ha sido suya, excepcional e intransferible, y no un mero dato estadístico.
Pero no ha tenido suerte; el viejo y los conocimientos que han moldeado su conciencia son parte de la enciclopedia universal y anónima que imaginó Borges y que ahora se ofrece en formato digital. Y ahí estaba el tipo, llamado en la wiki Walter el Indigente, aunque en las primeras líneas del artículo a él dedicado se advierte que es conocido por otros nombres, según el área lingüística, entre ellos el hispanizado Gualterio Sin Haber. Estuvo, junto a Pedro El Ermitaño, a la cabeza de la primera cruzada, llamada cruzada de los pobres, una peregrinación masiva de parias instigada por el papa Urbano II en 1095 para conquistar Jerusalén, que fue detenida por los turcos selyúcidas (otra hilacha de las clases del padre Ajona) que exterminaron sin piedad a los cruzados. Resuelta la pejiguera de la memoria, el viejo vuelve a la actualidad y consulta los diarios digitales y, carajo, ahí está la próxima cruzada que bien podríamos llamar cruzada de los pringaos y que, como todo el mundo sabe, se inició días atrás en la localidad de Jumilla, que está en disputa religiosa, como Jerusalén desde la edadmedia hasta ahora mismo.
Para los hipotéticos lectores que están abrasándose en una playa mediterránea o en un bosque mesetario, recordemos que el conflicto comenzó cuando un gualterio cualquiera, edil de la localidad, decidió prohibir la celebración de dos fiestas religiosas de la población musulmana que venían celebrándose en el polideportivo municipal. La mayoría del pepé en el consistorio hizo suya la propuesta, la embadurnó de lenguaje administrativo para que no pareciera la proclama xenófoba que en realidad es y la aprobó. De inmediato, estalló el debate político consabido: progres contra reaccionarios, demócratas contra neofascistas y todo eso, que hubiera quedado en el plano doméstico de no haber acaecido un hecho inesperado: la intervención de la dirigencia de los obispos en contra de la resolución municipal y a favor de la tolerancia para el culto musulmán. Un obispo llegó a comparar una procesión de la virgen con la fiesta del cordero. ¿Hasta dónde va a llegar el relativismo religioso? El líder fascista que propugna la aniquilación (civil, de momento, pero ya veremos) de los musulmanes calificó fínamente a los obispos de pederastas y he aquí que un obispo le ha dado la razón, no en lo de la pederastia sino en la aniquilación de los musulmanes.
En un mensaje a través de equis -¿se imaginan a san Juan Crisóstomo utilizando la red de Elon Musk para predicar la doctrina?-, el arzobispo de Oviedo carga contra sus claudicantes colegas episcopales por ceder a las pretensiones de los moritos [sic] que asesinan a los cristianos en sus territorios, y con piadosa claridad franciscana se pregunta, ¿dónde está la reciprocidad?, ¿nos ponemos estupendos para que nos sigan matando? Sí, señor, así se predica. A tomar po’l saco la otra mejilla y vuelta al ojo por ojo. Don Abascal y sus seguidores ya han encontrado al cardenal Segura que ha de acompañarles en la reedición de la santa cruzada que ganaron el padre Ajona y los suyos y en la que nos criamos los viejos del lugar, cuando nos gobernaron los talibanes de casa y las mujeres debían cubrirse con una mantilla y los hombres armados velaban por la ortodoxia de las costumbres y no había polideportivos ni para que los musulmanes rezaran ni para que los cristianos y las cristianas jugaran al balonmano. Cuando España se parecía a Afganistán y el arzobispo de Oviedo hubiera estado en su salsa.
Genial.
Gracias. Un abrazo con la esperanza de que compartamos un café.